Opinión

Una crisis laboral agudizada por la falta de competencia

Una crisis laboral agudizada por la falta de competencia

La pandemia ha arrasado no solo con las vidas de muchos sino también con sus medios de subsistencia, exponiendo a una situación de vulnerabilidad económica a cientos de miles de hogares. La profunda crisis laboral, originada por las restricciones para combatir el virus, se está cebando con el tejido productivo, ya de por sí precario por su terca dualidad. Ahora el paro avanza afectando a españoles de todas las edades, pero especialmente a los más jóvenes, siempre los más castigados en m

ateria de empleo.La EPA publicada ayer arroja una imagen nefasta de los últimos 12 meses. La tasa de paro ha llegado al 16,1% y aumenta hasta el 40% entre los menores de 25. En el cómputo anual son 622.600 empleos los que el virus ha destruido, una cifra que no es todavía más escandalosa porque los 800.000 trabajadores que están acogidos a los ERTE no figuran en las estadísticas como parados, sino como activos. Los ERTE son, ya lo hemos advertido, una técnica de respiración asistida que sí sirvió como remedio de urgencia al inicio de la pandemia, pero que hoy ya no esconde su condición de efímero parche. Hay muchos indicadores que así lo demuestran, pero baste señalar que es el sector privado el único que sufre, con 748.400 empleos perdidos.
La prolongación de la crisis sanitaria aleja la recuperación del mercado laboral
. La deficiente gestión de las vacunas aleja la deseada vuelta a la normalidad. A la UE hay que exigirle diligencia en los contratos y al Gobierno competencia para gestionar sus atribuciones. A lo largo de este año ha impuesto sin debate su criterio en materia laboral, arrinconando a la patronal y a la vez tratando de resistir las presiones intervencionistas de su socio populista. Para que las medidas sean efectivas, proporcionales y flexibles, hay que escuchar a todos y aparcar el dogmatismo ideológico.