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Jonathan Pollard llega a Israel 35 años después de ser detenido en EEUU por espionaje

Jonathan Pollard llega a Israel 35 años después de ser detenido en EEUU por espionaje

Tras 30 años en la cárcel y otros cinco bajo libertad condicional en Estados Unidos por espiar a favor de Israel, Jonathan Pollard (66) ha cumplido finalmente su sueño. Acompañado por su esposa Esther, el que fuera analista de Inteligencia de la Marina estadounidense aterrizó en el aeropuerto de Ben Gurion, se quitó la mascarilla y besó, arrodillado, la pista de aterrizaje israelí.

"Estamos emocionados de estar por fin en casa tras 35 años. Este es un maravilloso país con un enorme futuro. Es el futuro del pueblo judío. No hay nadie más orgulloso de este país y su líder que nosotros. Esperamos convertirnos en ciudadanos productivos lo antes posible", declaró Pollard que desde el pasado 21 de noviembre podía viajar a Israel tras el levantamiento de las restricciones del régimen de libertad condicional en Nueva York como el arresto domiciliario nocturno o la prohibición de salir del país. El tratamiento de quimioterapia de su esposa, que padece cáncer, retrasó su llegada. El matrimonio Pollard, que deberá ahora estar bajo aislamiento debido al coronavirus, tiene previsto vivir en Jerusalén.

"Bienvenidos. Qué bien que habéis llegado a casa. Ahora podéis comenzar una nueva vida en libertad y felicidad. Ahora estáis en casa", les dijo el primer ministro Benjamin Netanyahu nada más bajar del avión privado del empresario multimillonario Sheldon Adelson. Netanyahu entregó a Pollard el carné de identidad, como si fuera un inmigrante judío más. Pero no lo es. Se trata del protagonista de un famoso caso que en los años 80 provocó una grave crisis entre Estados Unidos y su principal aliado en Oriente Próximo. Israel, que le declaró oficialmente "agente israelí" en 1998, pidió perdón a Washington pero sus peticiones de amnistía fueron rechazadas.

Condenado en 1987 a cadena perpetua por espiar para otro país, Pollard reconoció su culpabilidad aunque siempre sostuvo que sus acciones no perjudicaron los intereses de EEUU. Su único objetivo, justificó, era ayudar a Israel.

La historia de este estadounidense judío, dueño de una memoria privilegiada, tomó un giro en 1984 cuando decidió pasar miles de documentos confidenciales sobre varios países árabes a una agencia de Inteligencia israelí (Lakam) bajo la batuta del ex espía del Mosad Rafi Eitan. El material secreto que transfirió como analista de Inteligencia de la Marina estadounidense-a cambio también de la promesa de dinero- se refería sobre todo al desarrollo de armas químicas en Siria e Iraq.