Vida

Sergio Dalma: «Nunca pretendí hacer daño con ninguna letra»

Sergio Dalma: «Nunca pretendí hacer daño con ninguna letra»

El cantante lanza un álbum donde recupera algunos éxitos y presenta tres nuevos temas

Han pasado tres décadas desde que Sergio Dalma (55 años) ganó su primer Disco de Platino con «Esa chica es mía». Los cuatro millones de discos que ha vendido desde entonces son la prueba de que nadie le ha perdido la pista y, aunque reconoce que «treinta años han pasado muy rápido», ésta era una fecha que debía celebrar. Por eso ha lanzado «30… y tanto», un álbum donde revisita algunos de sus éxitos y avanza tres temas inéditos que muestran su futuro musical más inminente.

—En 2017 dijo que si ahora sacara «Esa chica es mía» le lloverían a palos. ¿Pensó en cambiar la letra para este disco?

—Me lo planteé en «Galilea» por lo de «vía postal», porque ahora sería «vía Tinder». (Risas). «Esa chica es mía» no se hizo en el sentido negativo de querer adueñarte de alguien, pero ahora todo se mira con lupa. Con esa letra nunca se ha pretendido hacer daño.

—Precisamente en «Donna», uno de sus nuevos temas, con la frase «si quieres regálame un “sí” y si es un “no”, no te molesto», habla implícitamente del consentimiento.

—Tal y como está el panorama, tenemos que lanzar este tipo de mensajes. En el videoclip aparecen chicas de diferentes edades. La mujer siempre ha sido el personaje principal de mis canciones, «Donna» es un homenaje a todas ellas.

—En «El diablo dentro» dice que tiene un piso en el infierno. ¿Cree que lo tendrá algún día?

—(Risas). No sé si iré al infierno, al cielo o a dónde, pero parte de los músicos de mi banda vienen de legendarios grupos de rock y el espectáculo marca ese espíritu. Y bueno, ser un poco rebelde y un poco malo a veces también va bien.

Muñeco ventrílocuo

Dalma siempre se ha identificado con el muñeco de un ventrílocuo. Cuando deja de cantar dice que es como si se plegara en una caja y, en ese momento, aparece Sergi Capdevila. «Cuando no trabajo cojo el metro, me voy al mercado… todo lo que le pasa a la persona [no al artista] se queda conmigo y a la gente no le interesa». Quizá por eso, más allá de la relación que mantuvo en los años 90 con Maribel Sanz (la madre de su hijo Sergi), no se le han conocido demasiadas parejas. A nivel privado, lo único que trascendió en 2015 fue un proceso judicial que mantuvo contra su hijo y que a día de hoy está solucionado. «Afortunadamente todo está bien. Fue una etapa un poco delicada que sabía que tarde o temprano se repararía».

Mientras su hijo vive en la casa que Dalma tiene en Altea, que hasta ahora había sido su refugio frente al mar, el cantante ha vuelto a Barcelona. «Después de 27 años en Madrid, pensé que era el momento de volver y estoy muy feliz. Tenía la sensación de haberme perdido momentos del día a día con mis padres y quería estar con ellos», apunta.

—¿Cómo ha vivido los disturbios de las últimas semanas?

—He sentido mucha impotencia. No ves una forma de arreglarlo y, si los políticos, que son los que tienen que solucionarlo no saben hacerlo, te descoloca. Creo que todo el mundo tiene derecho a defender sus ideas y estamos en un país totalmente libre y democrático, pero no se puede llegar a estos extremos. Lo han hecho mal por los dos lados, y ese es el problema. Los políticos deberían sentarse y decir: «Olvidémonos de las elecciones y vamos a buscar una solución, porque la gente está sufriendo».

Durante estos treinta años, ha aprendido a degustar la vida como lo haría con un buen vino: «A los 50 decidí que me iba a tomar las cosas con calma». Tanto a Dalma como a Capdevila, los años también les han hecho ser un poco más pacientes. Lo que al cantante no le ha cambiado es su forma de vivir la música: «No pretendo que me recuerden cuando ya no esté porque mi legado es en vida, y es hacer feliz a la gente con mis canciones».