Vida

Sara Carbonero: La musa que dio un susto

Sara Carbonero: La musa que dio un susto

Los dos, tan jóvenes, tan pletóricos, tan titulares, han tenido susto de salud, por estos días, y el susto les ha reatado en la emoción del vivir, un susto doble que es el diagnóstico del susto que nos espera a todos, más tarde o más temprano

Ha ejercido Sara Carbonero de musa de lencerías, pero sin desabrocharse, y también de musa de otras prendas, no íntimas, donde ha puesto imaginación y diseño, y todo. Sara es un éxito, y un chollo, y un sueño. Se diría, ya, que Sara es Iker, sólo que al revés, pero Iker de cuando era Iker, y juega ella el balompié de poner de moda un fular mientras se pasea por Oporto.

Los dos, tan jóvenes, tan pletóricos, tan titulares, han tenido susto de salud, por estos días, y el susto les ha reatado en la emoción del vivir, un susto doble que es el diagnóstico del susto que nos espera a todos, más tarde o más temprano. Hasta en esto del susto de médicos nos han salido distintos, o únicos, Iker y Sara, que se presentaron al mundo, como pareja, cuando España ganó el Mundial. Iker, capitán, le dio a Sara, entonces reportera, un beso triunfal, ante la cámara, que la dejó despeinada. Desde entonces, Sara es Sara. Sara es la Carbonero. Y, en efecto, casi Iker resulta el novio de Sara, según el rato.

Quiero decir que cotiza muy en serio la lámina de Sara, que es todavía la estrella femenina de la crónica del deporte, aunque ese tajo lo haya orillado, que abrió empleo a otras chicas, en su gremio exótico, y que tiene el beso del gran Iker Casillas, mucho tiempo después del Mundial. No es fácil, así, pasar desapercibida. Más bien, lo contrario. Lo digo porque, durante épocas, no le hacía mucha gracia a Sara el verse en las portadas por causa ajena a su trabajo, pero la fama es arma de filo imprevisible, y de ella quieren saberlo todo hasta en el extranjero.

Famosa de gancho

En paralelo a los fichajes cada temporada, hay también un vaivén de fichajes de consortes, porque las mujeres de los futbolistas también se incorporan a esta fiesta del balón, sólo que desde la grada alegre, o desde las portadas clamorosas. O desde los dos sitios. Son el otro fútbol del fútbol, una alineación vibrante de bellezas que lo tienen todo ganado, porque la belleza es un triunfo, y una goleada de verdad. Ahí, en la copa, está Sara, Sara Carbonero. Lleva muchos años siendo una noticia sin noticia, una famosa de gancho porque sí. Salvo que a veces sí hay novedad, como ahora, entre el temor de quirófano y el diagnóstico de alivio.

Pero Sara cumple a diario el spot de sí misma. Igual vende una pulsera de abalorio que un reloj de alhaja. Sara funciona tanto, y tan bien, que hasta sale en esas encuestas periódicas de las mujeres más deseadas, o más seguidas, cuando ella es chavala de ánimo silente y armario de ajuar largo. Tiene una fotogenia total, y así cada retrato suyo es un negocio, porque la moda es imitación, y hay tribus de chavalas que quieren ser Sara Carbonero. Es la sultana mayor de los platós, aunque ahora ya sólo sale en el telediario. Es el esplendor con ojos verdes. Se fue a vivir a Oporto, de consorte contenta, pero íbamos a hacer fiesta si volviera. Igual ocurre enseguida. Sería como fichar a una extranjera de la Roja, del Real Madrid de siempre.