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Mujeres de las «mil y una noches»

Mujeres de las «mil y una noches»

Rania de Jordania, Mozah bint Nasser y Noor de Jordania sin velo en representación de un empoderamiento en contracorriente de los tópicos difundidos del mundo árabe

El lujo árabe es un motivo que va desde el esplendor de «Las Mil y una noches» hasta las fiestas que les montaba a los jeques Jaime de Mora y Aragón, en la dorada Marbella desabrochada de los 80. Jaime se empleó de cónsul de la juerga de la Costa del Sol, donde llevó la agenda de champán de los jeques y les cambiaba petróleo por discotecas. Pero aquí no íbamos a Marbella, sino al fasto árabe.

Y ahí, a veces, en la copa de ese fasto árabe, nos encontramos a una mujer de hechizos, y de poderíos, mujer que igual se llama Rania que igual se llama Lalla Salma. Ejercen, componen, manejan, seducen. Son un escalafón de oro entre las mujeres internacionales de tirón, con estampa de hermosura a menudo, con tesorería desahogada, o desorbitada, también a menudo, bien por familia propia, bien por familia de cónyuge. Rania es Rania. O sea, Rania es Rania de Jordania, que es como decir la fama misma.

Lalla Salma es la esposa de Mohamed VI. Pasea una belleza de exotismo, porque es pelirroja, y viene a cuadrar de lleno en la moda occidental. Pero estamos ante una gran distinta. Se graduó en Informática, participa en recepciones, y también en portadas, y exhibe túnicas inventadas por Chanel, o Dior. Rania es una celebridad planetaria, y hace vida social, naturalmente. Si viaja, es enseguida rival porque sí de las archifamosas de vitola con las que alterna de palacio, en esos duelos de variada estampa que tanto celebran las cátedras de peluquería.

Ocurre más o menos lo mismo con Mozah bint Nasser, la exjequesa de Qatar. Hablamos de la que fue primera dama del país con mayor renta per cápita del planeta. Se apunta que está detrás de imperios de la moda como Balmain, o Valentino. Resulta una foto segura de portada, entre la morena mitológica y un spot de gafas italianas.

Luego está Noor de Jordania, viuda de ojos verdes, que ha vivido con un calendario repartido entre Nueva York y Londres. Tuvo mucha vida social en Jordania, cuando vivía su marido, Hussein, pero desapareció de aquellas órbitas, mientras prosperaba en el trono su hijastro. Podríamos decir que Noor es una archifamosa, zona noble internacional, como lo es Mehriban Aliyeva, uno de los rostros más conocidos de una de las familias más ricas de Azerbaiyán. Mahriban es consorte de Ilham Aliyev, presidente del país. Gusta del compromiso en organizaciones humanitarias y tiene hábito en las visitas a la consulta de cirugía plástica.

Estamos ante otra de las árabes sin velo que logra mucho tirón, como anuncio de sí misma y musa mayor de algunas causas a contracorriente de los tópicos difundidos del mundo árabe.

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