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Mónaco cede el cetro de la elegancia

Mónaco cede el cetro de la elegancia

En la celebración de la Fiesta Nacional se alternaron atuendos desacertados y conjuntos excesivamente «interpretados»

Los Grimaldi se reunieron esta semana para la celebración de una de las jornadas clave del Principado, el Día Nacional de Mónaco. Con la ausencia de la siempre acertada y bellísima princesa Carlota, el resto de la comitiva quedó deslucido, tanto por exceso como por defecto.

Charlene de Mónaco, de blanco nuclear, se marcó un «Melania» llevando un desproporcionado sombrero blanco que no dejaba ver su cara y que destacaba más que el sombrero claro del texano gigantesco en la tristemente famosa foto de Lee Harvey Oswald. Estefanía, asustadiza, se ocultaba tras las figuras de su hermana y su cuñada con un sencillo conjunto de falda negra más propio de un funeral. Y Carolina, la siempre estelar princesa de las últimas décadas, lucía una falda de largo excesivo, con un abrigo azul claro sin forma, demasiado ancho y largo, que nada tenía que ver con sus zapatos marrones ni con su velo de redecilla negra.

Las cuñadísimas, la guapísima Beatrice Borromeo y la alternativa Tatiana Santo Domingo, vestían de Dior, casa que, aprovechando la muerte de Karl Lagerfeld, intenta retomar el guardarropa de las Grimaldi sustituyendo a un Chanel huérfano. Aunque muy elegantes, iban -como se dice ahora- excesivamente «interpretadas», que significa ir casi disfrazada, muy conjuntada o como salida de un cuadro de otra época. Además, a Tatiana Santo Domingo el abrigo le quedaba demasiado grande y no se le veía la cara, mientras que a Beatrice Borromeo no le favorecían las exageradas rayas horizontales verdes y negras.

Beatrice Borromeo, Pierre Casiraghi, Louis Ducruet, Alexandra de Hanover, Tatiana Santo Domingo y Andrea Casiraghi - AFP

Alexandra de Hannover, a quien la prensa francesa ha tratado sin éxito de coronar en varias ocasiones como it girl, no iba favorecida con un extraño vestido-chaleco en paño de color caldera sobre jersey negro y botas de cuña. Son las cosas del encanto personal, de ese plus que algunas personas tienen y otras jamás llegan a conseguir, pese a tener un apellido estelar y buena cuenta corriente.

Pero en la reunión matutina, la peor vestida fue la esposa de Louis Ducruet, hijo de Estefanía de Mónaco. Marie Chevallier escogió un vestido azul claro de corte años 80, con volantes, aberturas y botones, un modelo que podría haber salido de algún bazar. Indescriptible. Su sombrero tipo pillbox flotaba alrededor de su cabeza en lugar de asentarse sobre ella, y el exceso de piel mostrada revelaba una palidez poco favorecedora. Debería dejarse asesorar, aunque su suegra no sería la más indicada.

Marie Chevallier y Louis Ducruet - AFP

De noche

Por la noche, Carolina de Mónaco escogió para la gala un poco favorecedor vestido largo en tono rojo rosado, abrochado cual chaqueta cruzada por arriba, con hileras excesivamente largas de vistosos botones, que acababa en una especie de mesa camilla con volantes. Insólito para la mujer que ha protagonizado el mayor número de portadas elegantes del planeta.

A la gala nocturna, tampoco Charlene acudió acertada. En lugar de llevar un vestido largo, como requería el protocolo, escogió un esmoquin negro, algo más indicado para un hombre, aunque aceptable. La cuestión fue que sus pantalones eran tan estrechos que dejaban ver la piel blanca de sus empeines y la chaqueta era tan reducida que se le abría a la altura del pecho. Nada que ver con la elegancia suprema de su suegra, Grace Kelly, ni con el estilo fresco y avant garde de su sobrina política, Carlota.

Se nota que Karl Lagerfeld ya no está para guiar a los Grimaldi en el proceloso mundo de la moda. Con la competencia que les hacen las Familias Reales española, británica, holandesa o danesa, están a punto de perder el cetro de la elegancia. Agua pasada no mueve molino.