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«Mascné», la temida huella de la mascarilla en la piel

«Mascné», la temida huella de la mascarilla en la piel

Rojeces, sequedad, dermatitis o rosácea son algunos de los efectos de su uso prolongado

El estreno de la «década de los veinte» pasará a la historia por una estética vinculada a las mascarillas, y a las pieles alteradas. Según un estudio de Allergan, el 40% de los españoles sufre o ha sufrido irritaciones en el rostro por el uso constante de este nuevo accesorio. La falta de oxigenación, el sudor y el roce en las zonas de más presión da lugar a la aparición de rojeces, sequedad, dermatitis, rosácea y acné. Y esto último es tan frecuente que en EE.UU. han acuñado un término, de la unión de las palabras mask + acné, el maskné, que se ha convertido en trending topic en algunas redes sociales.

El maskné (mascné en España) se produce principalmente si utilizamos la misma mascarilla un día tras otro, ya que se crea un microambiente propicio para que las bacterias prosperen, favoreciendo la aparición de puntos negros, comedones y granos internos. Y aunque nadie tiene (todavía) el «manual de supervivencia» del cutis, cambiando a menudo la mascarilla y lavándola de manera regular con un detergente eficaz con las bacterias (libre de fragancias o irritantes) y con una rutina de cuidado que vaya directa al grano, se puede mantener a raya.

Desde Garnier advierten de que secar los granitos solo los empeorará. Recomiendan mantener la piel hidratada, con una hidratante ligera y no comedogénica, y si se tiene la piel muy sensible, anti-eritema y anti-irritaciones. No aconsejan sobreexfoliar el rostro pensando que así se acaban antes con las irregularidades, ya que es importante mantener intacta la función barrera natural. En su lugar, podemos apostar por un ácido suave que ayude a despejar las áreas congestionadas.

Según Ylé Cosmétics, los aparatos caseros con LED azul son especialmente eficaces para combatir el acné porque esta luz tiene una alta pureza que actúa a menos de 25 milímetros de profundidad bajo la piel, justo en la zona en la que se acumulan más bacterias y células muertas. «Además de tener un efecto antiinflamatorio y bactericida, afina los poros y mejora visiblemente la textura cutánea», explica Araceli Hermelo. Respecto al maquillaje, Martha Dias, CEO de Caupe Brasil, aconseja reducir su uso mientras se usa la mascarilla ya que obstruye los poros y favorece la producción de sebo.

Con agua termal

En cuanto al resto de males provocados por el continuo vaho en la zona cubierta del rostro, los vaporizadores de agua termal (calma y regenera la piel) o ionizada (sus iones negativos atrapan las bacterias, impurezas y partículas contaminantes y las expulsa) son buenos aliados en estos momentos de ahogo. Para evitar las irritaciones y úlceras que se producen con la fricción, el doctor Ricardo Ruiz, director de la Clínica Dermatológica Internacional, aconseja que nos apliquemos vaselina pura en la zona de roce para que haga de barrera, y la dermatóloga Paloma Borregón prefiere, por comodidad, las barras protectoras de las rozaduras de los zapatos (ojo, este gesto no es recomendable si te tiene acné).

Si, a pesar de las precauciones, aparece la dermatitis, el doctor Ruiz recomienda una crema con una cortisona suave (Adventán, Lexxema, Elocom, Diprogenta, etc) durante 2 o 3 noches seguidas. ¿Seguimos con las malas noticias? El estrés que nos produce este virus provoca un incremento de la producción de cortisol y adrenalina, y esto genera un aumento de la inflamación cutánea y una disminución de la reparación del colágeno, que se traduce en más arrugas y flacidez. Y la angustia también provoca que se active la hormona de la melanina como mecanismo de defensa antioxidante, produciendo, para colmo, manchas en la piel. Como dice Sting en la canción de «Message In A Bottle», nuestra piel esta «sending out an S.O.S» (pidiendo un S.O.S).

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