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Los reyes del palco

Los reyes del palco

José María Ruiz-Mateostrabajó mucho para el telediario, zona payasadas, y presidió el Rayo Vallecano durante tres temporadas, para luego pasarle al sitio a su consorte, María Teresa Rivero

Jesús Gil y Gil fue califa con jacuzzi, en la tele de mamachichos, y tenía un caballo bautizado como Imperioso, al que usó de consejero para los afectos o desafectos a propósito de los chicos de la plantilla de Atlético de Madrid, donde tuvo palco de presidente. José María Ruiz-Mateos trabajó mucho para el telediario, zona payasadas, y presidió el Rayo Vallecano durante tres temporadas, para luego pasarle al sitio a su consorte, María Teresa Rivero, una señora que descubrió entonces que el fútbol lo juegan once. Y de ahí no pasó, si es que pasó de ahí. Gil y Ruiz-Mateos se anudan de jefazos de club en los años noventa, y compiten de atletas del friquismo, cada uno en su estilo, desabrochado de camisería el de Gil, con todo el medallero del pecho al aire, y muy ceñido de traje el de Ruiz-Mateos, que luego usó también un traje de preso, para dar mítines sin futuro, y otro traje de supermán, cuando tocaba cumplir algún paseo de esperpento.

Los dos, Jesús y José María, viven en la copa de los revueltos y entretenidos años noventa del fútbol nacional, que reunió también a exóticos mandamases del tinglado como Manuel Ruiz de Lopera, Josep Luis Núñez, o José María del Nido. Luego estuvo, tan a su aire, Ramón Mendoza, un dandy de gancho que le dio al Real Madrid un auge de modernidad, y tuvo ojo rápido para el negocio a lo grande, hasta resultar pionero en vender los derechos de imagen a la televisión. Todos animaron de show bullente el panorama de hace tres décadas, y algunos hasta cumplieron alguna temporada en la cárcel, por causas de birlibirloques económicos. De modo que algunos de aquellos presidentes no fueron sólo gente de exótica manera, sino listos a los que en algún momento se les pilló en apaños de tesorería no precisamente ejemplar.

Nuñez estuvo en prisión un año, por irregularidades contables, y también José María del Nido, aunque por un caso no del fútbol, sino del Ayuntamiento de Marbella, al resolverse de juicio el caso Minutas, vinculado a la corrupción. Lopera, presidente del Betis, también tuvo sus adversidades, ante la ley, y tras una condena fue absuelto diez años después por establecer la Audiencia de Sevilla «que no causó daño al conjunto verdiblanco». Gil también tiene un rato de carrera en la cárcel, y Ruiz Mateos, porque logró la ley esclarecer en su momento que era un rico que gustaba la lujuria del birle. Gil llegó a los palcos altos del fútbol como gerifalte del hormigón, al igual que muchos otros de la época, y alternaba en el tuteo de soberbias con Lopera, Mendoza, o Gaspart. Gil compensaba la sequía de adjetivos con un desmadre de guayabeyas. Ruiz Mateos resultó familia de la Preysler, incluso, pero familia al revés, porque rodó un spot de bombones, en plan venganza. Más que presidentes, fueron reyes, los reyes del palco. Tuvieron gracia, en general. Hasta que no la tuvieron.

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