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La Princesa Carolina recupera su puesto tras meses de aislamiento

La Princesa Carolina recupera su puesto tras meses de aislamiento

Sus canas fueron más noticia que la solemne celebración de la Fiesta Nacional de Mónaco

La melena encanecida vista ayer por vez primera en la siempre impecable Princesa Carolina (63 años) eclipsó la belleza marmórea de su cuñada, la Princesa Charlene (42), robándole las mejores imágenes de una Fiesta Nacional de Mónaco celebrada con el debido respeto a las normas sanitarias más estrictas. Como es tradicional desde 1949, cuando esta conmemoración comenzó a marcarse en el calendario del principado, coincidiendo con el día de San Rainiero (19 de noviembre), la familia Grimaldi volvió a reunirse en la Catedral para asistir a una misa de acción de gracias, con Te Deum y oficiada por monseñor Dominique Marie David, arzobispo de Mónaco.

Charlene de Mónaco junto a su hija Gabriela - EFE

Con traje de gala, luciendo sus más altas condecoraciones y una silueta que araña centímetros a la cintura, Alberto II (62) confirmaba su imagen definitivamente patriarcal, acompañado de su prole infantil a la salida del templo. A sus 5 años, los gemelos Jaime y Gabriela aportaron el toque «humano» de unos chiquillos saludablemente «indisciplinados». Cubierta con un abrigo otoñal, de riguroso negro y en el que se adivinaba un interior fucsia, y tocada con una graciosa boina, Charlene lució su tradicional gravedad de señorita que no habla por no pecar, tan bella como distante, ocultando cualquier tentación de sonrisa bajo la mascarilla.

El divorcio que no llega

No sin cierta coquetería, sus portavoces oficiosos habían hecho pasar entre la turba de los fotógrafos «acreditados» que Carolina de Hannover -no Carolina de Mónaco, no- ocuparía su propio puesto de honor en la ceremonia religiosa. No es un secreto que la Princesa sigue siendo la esposa de Ernesto Augusto de Hannover, pese a que la pareja decidió separarse años atrás sin consumar un divorcio que la Santa Sede no vería con «buenos ojos». Así las cosas, Carolina pede utilizar como propio el Hannover de la más rancia aristocracia germánica. Detalle significativo ante su cuñada en momentos de celebración patriótico-nacional.

Carolina, sin embargo, no necesita de títulos para brillar con fulgor propio. Con un traje de Chanel de alta costura, con botones blancos y remate de plumas en la falda y la chaqueta; guantes blancos de piel y diadema ancha de tela fruncida, lució sus primeras canas ente la prensa con palmaria coquetería. Princesa, abuela, mujer de mundo, Carolina de Hannover ha sufrido los mismos males del confinamiento que el común de los mortales: meses de soledad, incertidumbre y monótono aislamiento en la Provenza. Ella ha preferido lucir las señales del paso del tiempo (arrugas y canas) con nobleza.

Como en otras ocasiones, la Princesa Estefanía (55) destacó por su ausencia en el día grande de su patria. Carlota Casiraghi, la «intelectual» de la familia -en su condición de filósofa-, también estuvo ocupada en menesteres privados y lejos de los protocolos familiares, mientras que sus hermanos Andrea y Pierre Casiraghi y Alexandra de Hannover estuvieron presentes en la misa y la recepción que siguió, reducida al mínimo estricto, entre personalidades residentes en el Principado. Este año, por cierto, fue el primero en el que ningún Grimaldi se asomó al balcón de Palacio.

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