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Guillermo y Máxima de Holanda estrenan palacio tras una reforma de 63 millones

Guillermo y Máxima de Holanda estrenan palacio tras una reforma de 63 millones

En la decoración de Huis ten Bosch, en La Haya, destacan un mosaico con el ADN de la dinastía de los Orange, paredes con fotos de sus hijas y la pintura de una vela en recuerdo al Príncipe Friso

La humedad que se había colado entre la estructura de madera, los daños causados durante la II Guerra Mundial y la utilización de amianto en partes de la construcción, sumadas a la conveniencia de actualizar materiales y tecnología, han sido las causas de la reforma que la Familia Real de los Países Bajos muestra ahora en todo su esplendor. Las obras han sido polémicas porque se han prolongado durante cinco años y han costado 63,1 millones de euros.

El palacio Huis ten Bosch, que significa «la casa del bosque», ha debido ser restaurado, incluyendo techos, fachadas y escaleras. Es desde hace ya meses residencia oficial de Guillermo de los Países Bajos, sus tres hijas (las princesas Amalia, Alexia y Ariana) y Máxima Zorreguieta, que ha elegido personalmente los colores con los que se ha añadido calidez a las salas y recibidores, así como varios llamativos motivos de decoración. Entre ellos destacan la obra de arte del ceramista Jacob van der Beugel, una representación del ADN de la dinastía de los Orange compuesta por 60.000 piezas de mosaico y que cubre las paredes del Salón Verde, y la representación de variedades de pájaros y animales del bosque que admiró en el Museo Dordrechts, de Aert Schulman, y que decora ahora el Huis ten Boch.

Salón azul

Uno de los espacios más significativos para la familia es el denominado Salón Azul, cuyas paredes han sido adornadas con fotografías de las hijas de los reyes de los Países Bajos, en los momentos más significativos de su infancia, como los bautizos y primeras apariciones en público. Se trata de recuerdos entrañables que los Reyes desean tener a la vista en su vida cotidiana. También sobresale una fotografía de la Reina con el vestido que lució en la entronización de su esposo, en 2013, firmado por Jan Taminiau, junto a otros elementos como los patines de hielo con los que Guillermo completó la Carrera de la Once Villas de Frisia, en 1986. Se trata sin duda de una decoración atrevida, que incluye sorpresas como una corbata en el suelo, como la que un día arrojó el príncipe Claus, padre del Rey. También aparece pintada una vela encendida en recuerdo de Friso, el hermano de Guillermo, fallecido ese mismo año. Una lámpara de araña de diseño vanguardista ilumina la Biblioteca, donde las estanterías, butacas y moqueta son azules, un color que se repite en otras estancias a petición de la Reina. En otros casos la restauración se ha centrado en la conservación de elementos históricos, como el papel de paredes de la Habitación China, pasto de la lepisma o sardineta, un insecto que vive del papel, cartón o el moho y que amenazaba con no dejar ni rastro de su bella decoración.

El interior del palacio - ABC

Data de 1645

El palacio es propiedad del Estado holandés. Rodeado por bosque y coronado por una cúpula octagonal culminada por una corona dorada, símbolo de la monarquía holandesa, cuenta con pistas de tenis, piscina y cine privado, además de spa y peluquería. La construcción original data de 1645 y ha pasado por distintos usos y vicisitudes. Allí vivió la anterior Reina y madre de Guillermo, Beatriz de Holanda, hasta su abdicación en 2013. Durante los cinco años que han durado los trabajos de la reforma el tejado ha necesitado 65.000 kilos de plomo; se han instalado 1.300 metros cuadrados de moqueta y más de 22.000 metros de cable.