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El primer ministro irlandés, un conservador atípico y médico frente a la pandemia

El primer ministro irlandés, un conservador atípico y médico frente a la pandemia

Leo Varadkar trabajará un día a la semana en un hospital de Dublín como parte del equipo de diagnóstico del virus

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El primer ministro irlandés en funciones, Leo Varadkar, ha decidido formar parte de la lucha contra el coronavirus en su país no solo desde la política, sino desde su formación como médico. Varadkar, de 41 años, respondió la semana pasada al llamamiento que hizo el Servicio nacional de salud a los profesionales que no estaban ejerciendo por diversos motivos para que reactivaran sus licencias, y trabajará un día a la semana como parte del equipo de diagnóstico vía telefónica en uno de los turnos de un hospital de Dublín.

El político, que estudió medicina y ejerció su profesión durante siete años antes de retirarse para dedicarse de lleno a la política, es el líder del partido democristiano Fine Gael y probablemente uno de los personajes más atípicos en la política de un país muy conservador, casi tanto como su propio partido. En junio del 2017 se convirtió en el primer ministro más joven del país, con solo 38 años y además abiertamente homosexual. Hijo de un médico indio y una enfermera irlandesa, comparte su vida con su pareja, el cardiólogo Matthew Barrett y apoyó de forma rotunda la reforma de la ley del aborto del 2018. Tiene dos hermanas: una es enfermera y la otra neuróloga, y también sus cuñados trabajan en la sanidad.

Fanático de la música de artistas pop como Kylie Minogue y Cher, ama también el jazz y además es deportista: corre maratones, juega al rugby y practica triatlón. No es extraño que con todas estas características su llegada al poder representara un soplo de aire fresco para muchas personas. Sin embargo, los últimos resultados electorales demostraron lo que las encuestas venían diciendo: que pese a su éxito inicial, muchos ciudadanos han cambiado su percepción sobre él, y el que fuera un hombre muy carismático se percibe ahora como lejano. Aunque no para su familia, a quien está muy unido.

Hijo de inmigrante

«En todo el mundo, la gente ve a Irlanda como un país donde no importa de dónde vienes sino a dónde quieres ir», dijo cuando ganó las elecciones hace casi tres años, y dedicó unas palabras a su padre: «Cuando viajó 5.000 millas para hacer de Irlanda su hogar, dudo que siquiera haya soñado con que algún día su hijo crecería para convertirse en su líder». Y no solo eso, sino en uno de los médicos que ahora combaten la pandemia que asola a medio planeta. Un compromiso que ha sido muy aplaudido.

No se puede decir lo mismo de la ministra de Sanidad de Escocia, Catherine Calderwood, que ha dimitido tras haberse hecho pública una fotografía que demuestra que incumplió las normas de confinamiento impuestas por el Gobierno del que forma parte. Calderwood, adalid de la campaña del «quédate en casa para salvar vidas», se saltó la cuarentena que ella misma promovía al visitar junto a su pareja y sus hijos en su segunda residencia, en la costa, dos fines de semana consecutivos. Y aunque primero descartó la dimisión, finalmente las críticas la obligaron a irse. En un comunicado, afirmó que «la atención en mi comportamiento corre el riesgo de convertirse en una distracción del trabajo que el gobierno y la profesión médica tienen que hacer para ayudar al país a superar la pandemia ».