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El nuevo arma de EEUU contra la guerra biológica: saltamontes cíborgs

El nuevo arma de EEUU contra la guerra biológica: saltamontes cíborgs

Los 'Terminator' a los que tanto nos ha hecho temer el cine Hollywood no son una amenaza de momento para nuestra sociedad, pero las armas biológicas son uno que el ejército de EEUU tiene muy presente. Y aunque pueda sorprender, ambos mundos se han dado la mano de una forma impresionante.

La Universidad de Washington en San Luis ha desarrollado una solución muy original para explorar zonas en las que puede haberse utilizado un arma biológica: saltamontes cíborgs, que no son robots en el sentido tradicional de la palabra.

Estos saltamontes, de la especie Schistocerca americana, han sido equipados con chips que sirven como amplificadores de las señales olfativas de los insectos, que estos reciben a través de sus características antenas. Las antenas detectan si el ambiente ha sido infectado de alguna manera, transmiten la información con los chips y los soldados de la zona saben por dónde o no avanzar sin poner sus vidas en peligro.

El proyecto ha sido capitaneado por Barani Raman y lo han puesto a prueba con residuos de TNT y DNT. Si los saltamontes detectan los químicos y olores en el aire asociados a estos explosivos, avisan a distancia a través de los electrodos insertados en las neuronas olfativas presentes en sus antenas.

Los saltamones, además de los receptores conectados a su cerebro y sus antenas, van equipados con pequeñas mochilas que graban y transmiten inalámbricamente los resultados.

De momento, los saltamontes no sobreviven al proceso de recibir, almacenar y enviar la información. En siete horas, se fatigan y mueren. Sin embargo, la investigación arroja resultados muy positivos: la detección de explosivos y otros materiales acierta en un 80% de las ocasiones. Su uso, de momento, no ha sido aprobado y todavía necesita más años de desarrollo.

Aunque hoy en día la 'ciberguerra' parece un mayor peligro que la guerra bacteriológica, en EEUU existe una preocupación ante la falta de avances en la detección y prevención de este tipo de ataques. En 2018, la Academia Nacional de Ciencas de Estados Unidos publicaba un informe preocupante en este sentido: la biología sintética avanzaba rápidamente, más de lo que lo hacían las medidas para detectar y aplacar nuevos ataques bacteriológicos que, sin duda, podían producirse más fácilmente ahora que hace 20 años.