Opinión

Y ahora, León

Y ahora, León

«El efecto dominó de la majadería patria progresando sin tregua. Sólo falta a los socialistas leoneses, y a algún grupúsculo de campanario que quiere participar en la rebatiña (véase el caso de Teruel), un marchoso Antonete Gálvez que declare la guerra a Medina de Ríoseco. En verdad, en verdad, esto de las autonomías es una gran cosa»

Seguramente, cuando Javier de Burgos, en 1833, diseñó la división provincial que todavía perdura, no pudo imaginar que su benemérito esfuerzo (crear circunscripciones más pequeñas para que fuesen más funcionales y útiles, si bien sin llegar a las dimensiones de los departamentos franceses) terminaría originando tantos dislates. Agrupó las provincias en «reinos» y regiones, atendiendo a criterios de homogeneidad y solidez desde el punto de vista geográfico; a reminiscencias históricas y a coincidencias culturales aproximadas, pero aquello no era exacto ni perfecto, sino puntualmente subordinado a intereses y caciquismos locales. Hizo lo que pudo y así disfrutamos de absurdos como el Condado de Treviño o el Rincón de Ademuz, enclaves de unas provincias en otras que no producen sino disfunciones

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