Opinión

Una última oportunidad, por España

Una última oportunidad, por España

PP y Cs deben proponer formalmente al PSOE un acuerdo que permita la investidura de Sánchez sin dependencia alguna de comunistas y separatistas. Naturalmente poniendo condiciones. Sánchez no lo merece, España sí

Un Gobierno de extrema izquierda con el apoyo de separatistas no es el guión de una novela de política ficción, sino el futuro inmediato de España si el PSOE no reacciona ante semejante malversación de sus supuestos principios ideológicos. El único responsable de que esto suceda es Pedro Sánchez y su desmedida ambición política. Nadie, salvo él, debe sentirse culpable de que Pablo Iglesias sea vicepresidente del Gobierno de España o de que Oriol Junqueras, golpista y sedicioso condenado en firme, sea el alma mater, con Miquel Iceta de quinta columna en la izquierda española, de este nuevo frente social nacionalista.

Aun siendo cierto todo esto, un impulso de generosidad y patriotismo debe animar al PP y a Cs a proponer formalmente al PSOE un acuerdo que permita la investidura de Pedro Sánchez sin dependencia alguna de comunistas y separatistas. Resulta absurdo tener que convencer al presidente de un partido democrático y europeo de que no tenga aliados de este tipo, pero estas son las condiciones políticas de la España actual. Además, ambas formaciones tampoco deberían ignorar la acreditada capacidad de la izquierda de crear mentiras verosímiles para presentarse como víctima de sus propias decisiones.

Obviamente, la propuesta no puede ser incondicional. Por el contrario, debe exigir del PSOE un compromiso solemne de restaurar el orden público y constitucional en Cataluña, de no conceder indultos a los golpistas condenados por el Tribunal Supremo, de garantizar la pluralidad y la objetivida de TV3 y de perseguir cualquier nuevo referéndum secesionista. En buena medida no haría falta más que transcribir muchas de las promesas de Sánchez en el debate televisado durante la campaña electoral. También habría que garantizar las libertades públicas en Cataluña, como la educativa, y la aplicación de políticas acordes con la crisis económica que se cierne sobre nuestro país, incluyendo un nuevo pacto sobre las pensiones. El proyecto europeísta, la vuelta de Navarra al foralismo y la Constitución y la deslegitimación de ETA sin pactos con Bildu son también capítulos irrenunciables de esa propuesta.

No se trata tanto de forzar a Sánchez a que cambie de socios, sino de que quede emplazado ante la opinión pública a decantarse por una oferta de estabilidad constitucionalista, que le permitiría un gobierno monocolor, o por una coalición que incorporará al PSOE a una extrema izquierda insólita en la Unión Europea y a una dinámica de crispación social, de agresiones fiscales a las clases medias y de reanimación de los separatismos periféricos. Sánchez no se merece este último esfuerzo de PP y Ciudadanos, pero España sí.