Opinión

Una adquisición pertinente

Una adquisición pertinente

La operación que ultiman Bankia y CaixaBank supone el movimiento bancario más importante en nuestro país de los últimos años. Y solo cabe calificarla como realista y pertinente desde el momento en que responde a las urgencias de las entidades bancarias por guarecerse del fortísimo impacto económico de la pandemia y pertrecharse ante el difícil escenario que se avecina. Aunque la necesidad de acometer estas reformas se arrastra desde la crisis de 2008: el crack llevó a la banca a reformular sus estructuras hacia la digitalización y a buscar la integración entre entidades para mitigar pérdidas y fortalecerse, y la Covid-19 solo ha acelerado ese proceso. La compra, pues, se presenta como la solución idónea para ambas corporaciones, y es deseable que sea imitada, ya que cualquier gran operación que signifique la convergencia de entidades en este contexto es positivo y se adhiere a la línea de lo que el BCE lleva pidiendo a España desde hace tiempo. A este pragmatismo debe añadírsele otro factor: la unión dará origen al grupo más potente en España en volumen de activos, número de empleados y sucursales. Se crea así un banco que sumará activos por encima de los 600.000 millones, casi el doble que el BBVA o el Banco Santander.

CaixaBank adquiere Bankia ocho años después de que el Estado le inyectara 22.424 millones de euros y el FROB llegara a tener el 68,3% de su capital social. La negociación, que se ha hecho bajo el impulso del BCE con Luis de Guindos, ha sido guiada por Isidro Fainé y José Ignacio Goirigolzarri, quien ha gestionado con solvencia Bankia estos años. Pero a nadie se le escapa que el mercado es hoy muy distinto al de ayer. Por mucho que se haya saneado, su valor real dista bastante de aquella inyección, lo que supone que la última esperanza de colocar a buen precio la entidad para que las arcas públicas recuperen la mayor parte posible del dinero del rescate se esfuma. De hecho, hasta el momento, solo se han recuperado algo más de 3.000 millones, cantidad que según el Tribunal de Cuentas ha ido destinada a compensar a los damnificados por la salida a Bolsa en 2011. Con esta operación, el Estado reducirá su participación, que se situaría alrededor del 15% y la Fundación la Caixa con el 30%. Lo lógico sería que a medio plazo, cuando la situación se estabilice, el FROB vaya vendiendo el resto hasta completar su salida. No se debe pasar por alto que esta operación, como es lógico, precipitará un ajuste de recursos que esperemos que se realice con las máximas garantías posibles para los trabajadores.

En el terreno político, la fusión amenaza con abrir otra brecha en la coalición de Gobierno. La cuerda se sigue tensando porque Podemos siempre ha demonizado el proceso de privatización y prometido demagógicamente que haría que la banca devolviera hasta el último céntimo del rescate. Pero su queja quedará otra vez en pataleta porque el proceso no tiene marcha atrás: quien marca el tempo y la línea a seguir no es Sánchez sino Europa. Una vez más, la realidad se ha impuesto al populismo. En el camino de esta fusión quizá vivamos otro pulso entre socios que pondrá a prueba la falsa imagen de unión que propala Sánchez y que cada vez se esfuerza menos en fingir el partido de Iglesias.

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