Opinión

Un gobierno a la deriva

Un gobierno a la deriva

Todo en Sánchez es improvisación, rectificación y superficialidad. Por eso, con su retorno postvacacional, España seguirá teniendo más de lo mismo

Pedro Sánchez retomará en las próximas horas su agenda institucional y dará por finalizadas sus vacaciones con un amplio listado de desafíos y deberes por cumplir, con una España bloqueada a la espera de que aclare si pactará con Podemos o acudirá a elecciones, y sobre todo, con un Ejecutivo sin rumbo y a la deriva. Sánchez preside un Gobierno zombie que solo se defiende bien en el fomento del sectarismo ideológico, en la fractura social y en el revanchismo político. En lo demás, en todo lo que afecta al día a día del ciudadano, el Gobierno es de una ineficacia sobresaliente. Es cierto que al estar en funciones tiene poco margen de maniobra. Pero su persistencia en vetar una coalición con Podemos hacen presagiar que el bloqueo continuará como mínimo hasta diciembre si se vuelve a acudir a las urnas. Entre tanto, la demagogia y la insolvencia van a seguir siendo las características de este Gobierno sumido en la irrelevancia y la descoordinación. En estos meses, Sánchez solo ha logrado el apoyo explícito del Partido Regionalista de Cantabria. Continúa su gestión sin disponer de unos presupuestos generales propios, ya que España vive aún de los que aprobó Mariano Rajoy. Legislativamente, España sigue varada después de un año de semi-parálisis a base de decretos del «gobierno bonito». Tampoco las autonomías recién constituidas tendrán fácil aprobar sus presupuestos o actualizar los costes de su autogobierno mientras Sánchez no pueda reformar la financiación autonómica. Da continuos palos de ciego, y por eso en las últimas horas ha decidido expulsar del PSOE a la alcaldesa de Cartagena por el grave delito de pactar con PP y Ciudadanos, precisamente los mismos partidos a los que Sánchez exige una abstención técnica para que él pueda gobernar. Sánchez une así el cinismo a la ineficacia. Mientras tanto, sigue sin ofrecer una sola solución útil contra el chantaje separatista en Cataluña más allá de los tópicos caducos del «apaciguamiento», el «diálogo» y la cesión.

España empieza a estar enferma de provisionalidad, pero a Sánchez parece serle indiferente. Lo ocurrido con el navío militar rumbo a Lampedusa mientras la Fiscalía italiana resolvía en horas lo que Moncloa no ha conseguido solucionar en veinte días de bandazos es solo el epítome de una política migratoria caótica y confusa. A ello, Sánchez debe sumar la amenaza real de una ralentización económica severa y el progresivo ninguneo al que la UE somete a España. Por último, están ya ahí los retos que generarán la sentencia del golpe separatista y el Brexit, y nos pueden sorprender sin Gobierno. Sánchez es el único presidente que llegó a la Moncloa forzando una moción de censura, y es el único que ha fracasado en dos investiduras. Todo es improvisación, rectificación y superficialidad. Por eso, con su retorno postvacacional es de temer que España seguirá teniendo más de lo mismo.