Opinión

Un escudo social para el amigo de Sánchez

Un escudo social para el amigo de Sánchez

El Presidente crea para su amigo una dirección general retribuida con 90.000 euros anuales, más complementos

No cabe duda de que José Ignacio Carnicero, nuevo director general de Agenda Urbana y Movilidad, tiene un currículum profesional y universitario brillante, que lo acredita como un solvente urbanista. Este no es el problema. Las sombras de su nombramiento las extiende su amigo de la infancia, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, quien, en una entrevista televisada, puso de ejemplo a su amigo Iñaqui como uno de esos españoles a los que había que traer de vuelta a España. Carnicero, arquitecto de prestigio, se marchó a Estados Unidos por la crisis en su sector. Y es cierto que Sánchez ha cumplido su anuncio, pero creando para su amigo una dirección general retribuida con 90.000 euros anuales, más complementos.

¿Va a hacer Pedro Sánchez lo mismo con todos los profesionales e investigadores españoles, de igual talla que Carnicero, que están en el extranjero? ¿Va a crear para cada uno de ellos una dirección general? Porque cuando se habla de recuperar talento emigrado se debería pensar en crear en España las condiciones para que esos profesionales e investigadores labren su carrera en sus propios ámbitos en beneficio de todos. La solución no puede ser crear un cargo público a la medida del interesado, solo por ser amigo de Pedro Sánchez, porque una cosa es facilitar la vuelta de un gran profesional, sea o no amigo del presidente del Gobierno, y otra muy distinta es utilizar su poder público para aumentar el organigrama del Ministerio de Transportes con un nuevo alto cargo. Para esto sí es necesario ser colega de Pedro Sánchez. Llueve, además, sobre mojado. En plena crisis económica, aprovechando las limitaciones del estado de alarma, tanto políticas como sociales, el Gobierno ha creado una treintena de nuevos cargos, que se suman a un ejecutivo de veintitrés carteras, algunas perfectamente inútiles y prescindibles. El desprecio de este Gobierno por la ética pública y el dinero de los españoles no tiene límites.