Opinión

Sobre el derecho de manifestación: el hoy y el ayer

Sobre el derecho de manifestación: el hoy y el ayer

«La novedad de la marcha del feminismo el pasado día 8 -una verdadera novedad, sí, llamada a aparecer en los libros- es que quienes salieron a la calle eran los mismos que, a poco que se miren las cosas con objetividad, van a terminar llevándose por delante el que era su propio tinglado. ¿Cuándo? Igual no con carácter inmediato»

LA Constitución, como es notorio, proclama entre los derechos fundamentales el que tiene por objeto la «reunión pacífica y sin armas», es decir, el de manifestarse, o sea, salir a la calle -que es de todos- para quejarse de algo, casi siempre tal o cual hazaña de los políticos que nos ha tocado sufrir. Pero hay que avisar con antelación de diez días al gestor de la calle -en casi toda España, las Delegaciones del Gobierno- para que vistas las circunstancias concurrentes -de qué se quieren quejar en concreto y quiénes-, ese gestor pueda evaluar las consecuencias para el orden público y al cabo prohibir o autorizar. Todo muy sutil, como es propio de un texto tan sofisticado y moderno