Opinión

Santiago de Cuba, 1 de julio de 1898

Santiago de Cuba, 1 de julio de 1898

«La actuación de los soldados españoles en aquellos combates causó tal sensación en la opinión norteamericana que algunos autores se mostraron incrédulos sobre el número de defensores españoles en El Caney y San Juan. Quinientos hombres contra seis mil»

A las cinco y media de la mañana del 1 de julio de 1898, los semáforos instalados en el castillo del Morro, del Centro y de la Aduana del puerto señalaban, como de ordinario, la presencia de la escuadra norteamericana bloqueando la entrada a la bahía de Santiago de Cuba.

El día amanecía tranquilo y sonriente. La naturaleza exuberante, despojándose de los últimos jirones de niebla blanquecina invitaba a la vida. Nada parecía indicar el tremendo drama que iba a suceder, ni que esos retazos de bruma se trocarían, al final de la jornada, en harapos para amortajar a un montón de héroes.

A primera hora, salía de la ciudad, camino del Caney, un pequeño convoy de mulas escoltado por