Opinión

Podemos prolonga su fase de desguace

Podemos prolonga su fase de desguace

El proceso de descomposición interna de Podemos está siendo tan fulgurante como lo fue su nacimiento. Con suerte, según la unanimidad de los sondeos que se publican, su representación parlamentaria quedará reducida a la mitad. A Podemos le están fulminando tres circunstancias: su papel de sumisión a Pedro Sánchez, cuya radicalización ha convertido a Podemos en un partido subalterno y sin criterio; un declinante liderazgo basado en una concepción cesarista y supremacista del poder, y en la percepción generalizada de que Pablo Iglesias es un burgués venido a más acomodado en una vivienda de lujo; y un evidente hartazgo con el modelo soviético de purgas instaurado orgánicamente contra aquel que disienta de Iglesias. Podemos se está desguazando en diversas facciones -anticapitalistas, independentistas, errejonistas, «mareas», confluencias incompatibles entre sí...-, lo que ha motivado un sinfín de deserciones decepcionadas con un partido tóxico e inmerso en los mismos vicios que los tradicionales. Podemos siempre fue un peligro para la gobernabilidad de España, y en la medida en que así lo ha demostrado en algunos ayuntamientos muy relevantes, no conviene cantar victoria con la debacle prevista para Iglesias en las elecciones. No en vano, si la izquierda consigue sumar escaños para una investidura de Pedro Sánchez, es muy probable que Iglesias exija entrar en el Gobierno. Paradójicamente, su fracaso político puede convertirse en un éxito personal demoledor para los intereses de España. Frente a la fragmentación de esta izquierda rancia y populista, el mayor error del centro derecha es contribuir con su propia fractura a que Podemos opte a convertirse en una pieza determinante en la nueva legislatura pese a su palmario fracaso. Sería imperdonable para PP, Ciudadanos y Vox.