Opinión

Otra ronda para Sánchez

Otra ronda para Sánchez

Si España vuelve a las urnas será por expreso deseo de Pedro Sánchez, por su oportunismo electoralista y por un tacticismo narcisista ajeno al bienestar común de los españoles

Todo continúa siendo extraordinariamente confuso ante la posibilidad de que Sánchez acepte un hipotético encargo del Rey para ser investido presidente. La teatralidad en la que se han instalado el PSOE y Podemos para no aparecer como culpables de un fracaso negociador es tan cansina como irresponsable. Ayer mismo, el propio Gobierno seguía alentando la incertidumbre. Mientras José Luis Ábalos sostuvo que «hay que ser optimista», La Moncloa afirmaba que Sánchez solo aceptará el encargo del Rey si tiene garantizados los votos. Pero esos votos, de momento, solo pasan por un gobierno de coalición con Podemos al que Iglesias no parece renunciar. Absurdas vueltas en círculo. La probabilidad de nuevas elecciones el 10 de noviembre crece exponencialmente, y el Rey tendrá la última palabra después de la ronda de contactos que mantendrá con los partidos el lunes y martes. Ayer, la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, excediendo sus atribuciones, comprometió a La Zarzuela después de admitir que el Rey le expresó la «necesidad» de que haya un Gobierno «para poner en marcha el país». La neutralidad del Rey es intocable, pero hasta en esto el PSOE no respeta nada e incurre en conductas abusivas en beneficio propio.

La lógica apunta a que Sánchez ha decidido concurrir a las urnas, pero si lo hace será sin necesidad de ello. Si quisiera, sumaría los escaños necesarios para ser investido y por eso toda la responsabilidad de lo que ocurra en los próximos días es suya. Es de un cinismo insufrible su pretensión de culpar a los demás partidos de su propia incapacidad, indolencia o falta de voluntad. Sánchez no es una víctima del nuevo sistema multipartidista, como pretende hacernos creer, sino un presidente en funciones que quiere revalidar el cargo sin someterse más que a su concepto arbitrario y caprichoso del acceso al poder. Su aspiración, que presenta como legítima aunque no lo sea, es la de un Gobierno en minoría, pero sostenido desde fuera de La Moncloa por otros partidos obligados a rendirse ante él por responsabilidad institucional. Querer que la oposición, o los socios de moción de censura, cedan gratuitamente para que pueda gobernar con 123 escaños como si tuviese un poder absoluto es tener un concepto perverso del significado de las mayorías y las minorías. El hecho de que para España sería tóxico un Gobierno PSOE-Podemos no quiere decir que Sánchez no tenga una opción real de conformarlo. Si España vuelve a las urnas será por expreso deseo de Sánchez, por su oportunismo electoralista, y por un tacticismo narcisista ajeno al bienestar común de los españoles. Por eso el CIS salió ayer por enésima vez en su auxilio con otro sondeo trucado, por supuesto: con datos desactualizados de julio, realizado antes de la investidura fallida y con una grosera manipulación para provocar una atmósfera favorable para el PSOE.