Opinión

Memoria y vergüenza

Memoria y vergüenza

Este viernes, como cada 9 de agosto desde hace casi dos décadas, recordamos a Francisco Casanova Vicente, subteniente de Infantería, asesinado por un sicario del terrorismo nacionalista vasco a las puertas de su casa en Berriozar (Navarra), cuando su mujer y sus dos hijos esperaban su regreso desde la unidad donde prestaba sus servicios. Hoy volveremos a abrazar a su familia y a vibrar con las jotas que su hija le dedique.

Hoy, gracias a la Guardia Civil, sus asesinos están entre rejas. Sin embargo, siguen contando con valedores que justifican sus crímenes. Son los que organizan esos infames homenajes de bienvenida a otros sicarios como ellos y orquestan danzas macabras, con toda su repulsiva coreografía. Pero también son organizaciones políticas, ayer ilegales, y hoy parte del Estado español, que les paga y al que pretenden destruir. En Navarra deciden nada menos que su Gobierno, entre cuyos miembros se encuentra, por cierto, una tal Gómez, militante hasta 1995 de Herri Batasuna, la rama política de ETA, quien en mayo de 2015 comentó que abandonó HB cuando asesinaron a Gregorio Ordóñez, porque discrepaba de «aquella nueva estrategia de socialización del sufrimiento». Es decir, que mientras la banda mataba a policías, guardias civiles y militares, Gómez asentía. Hoy habrá tiempo para honrar la memoria de Francisco, incluso para la oración. Pero también lo habrá para reflexionar sobre la moralidad de un Estado que admite semejantes vilezas.