Opinión

Meditación en el Museo del Prado

Meditación en el Museo del Prado

«Un azar inmerecido ha unido hoy en esta esquina esos dos retratos que son mis favoritos del Prado. Y la tabla de un místico flamenco, la sobriedad de cuyo espejo del misterio me sobrecogió en mis visitas de infancia a este museo. Sé que hay ruido en la calle. Los delirantes. Y ese ruido no me llega. Sé, de sobra, que está el estruendo en las almas de las gentes que anhelan anacronismos a cuyo través estrellarse. No me importa. Ni un átomo de España hay ni en los unos ni en los otros»

«El sueño de la utopía» -escribe J. L. Rodríguez García, en conclusión de ese último libro suyo, que tiene para los de su edad, que son los de la mía, valor de testamento-, ese sueño «que era un delirio liquidador y autoritario, ha muerto…» Todos los que fuimos jóvenes hace medio siglo sabemos ahora eso, con precisión que admite poca réplica: lo saben, al menos, aquellos que, entre nosotros, aún tratan de meditar sobre esos muchos tonos y matices de la desolación en que fueron quedando, al desertar nuestro paisaje ético, los muchos sueños y las demasiadas alucinaciones. Vuelve la vista atrás, el autor de esa otoñal Postutopía, antes de dibujar un leve gesto de adiós sobre el aire. Es