Opinión

Madrid no merece más castigos

Madrid no merece más castigos

Sánchez debe aclarar si lo que teme es una euforia social o si le es más cómodo prolongar el confinamiento para cercenar la protesta

El Gobierno volvió a hurtar ayer a Madrid la posibilidad de convencer al oscuro comité de expertos, que La Moncloa sigue sin dar a conocer, de que la Comunidad podía dar ya el salto a la fase 1 de «desescalada». A mitad de semana ya se especulaba con ello y lo cierto es que el Ejecutivo de Sánchez nunca lo negó. A cambio, se le ha concedido a Madrid, como a Barcelona, un régimen híbrido entre las dos primeras fases. La mercadotecnia de La Moncloa ha dado en llamarlo «fase 0,5», lo que no deja de ser otro eufemismo adoctrinador y una metáfora demagógica para acallar críticas, no ofender al nacionalismo catalán y vasco, y acompasar todo a conveniencia de Sánchez y de su improvisación. Sánchez nunca habló de mini-fases intermedias entre fases centrales, lo cual demuestra que es una veleta caprichosa: es solo un inventor de coartadas para tranquilizar conciencias bajo la excusa de que, casi 30.000 muertos después, protege la salud pública.

Madrid debe recuperar la normalidad cuanto antes. Y no solo porque residen casi siete millones de personas convertidas en rehenes de un estado de alarma abusivo, sino porque es el pulmón económico de España. Cada semana que permanece cerrada, el PIB pierde mil millones de euros. No se trata de decidir entre salud y economía. Ese es el anzuelo que Sánchez lanzó a nuestra democracia hace ya sesenta días con la idea de apresar ideológicamente a los ciudadanos. Bastante miedo causa ya el virus como para seguir utilizándolo como coartada para pervertir nuestro régimen de libertades. Se hace impensable sostener que Madrid no avanza de fase porque Sánchez está castigando a sus ciudadanos, pero hoy Madrid tiene mejores cifras objetivas que otras autonomías. Puede no ser una persecución, pero sí es un juego de agravios porque nadie conoce con qué criterios concretos se maneja Sanidad. Es el Gobierno, no el ciudadano, quien convierte este proceso en una carrera, y es La Moncloa quien alienta una fractura social sin dar a conocer quién decide algo y por qué.

Fernando Simón reconoció ayer que Sanidad modifica subjetivamente a diario los «indicadores» para determinar qué comunidad avanza. Los criterios no deberían ser arbitrarios, y mucho menos políticos, pero la apariencia de que eso ocurre empieza a ser sospechosa. ¿Qué intereses se ponderan en La Moncloa para que el PNV en el País Vasco, con «indicadores» mucho más preocupantes que otras autonomías, goce de absoluta libertad para reabrir los colegios? Si eso lo hubiese acordado el PP en Madrid, el acoso mediático y social sería irreversible. Sánchez debe aclarar si lo que teme es una euforia social que aumente de modo irresponsable los contagios, o si le es más cómodo políticamente prolongar un confinamiento tan atípico en Madrid para mantener a su sociedad anestesiada, para cercenar la capacidad de protesta, o para restringir libertades.