Opinión

Los sondeos apuntalan a Sánchez

Los sondeos apuntalan a Sánchez

Las nuevas elecciones solo beneficiarían al bipartidismo tradicional que conforman socialistas y populares en detrimento del resto

La encuesta que hoy publica ABC demuestra que si se celebraran elecciones ahora, el vigente panorama de bloqueo podría continuar porque ni la mayoría que pudiesen sumar PSOE y Podemos por un lado, o PP, Ciudadanos y Vox por otro, llegaría a ser absoluta ni garantizaría una gobernabilidad solvente. Las nuevas elecciones solo beneficiarían al bipartidismo tradicional que conforman socialistas y populares en detrimento del resto de partidos, pero el PSOE, con 137 escaños, volvería a tener dificultades para conformar una investidura, y el PP, con 82, lo tendría sencillamente imposible. De hecho, unos nuevos comicios con el centro- derecha tan fracturado lo penalizaría incluso con menos escaños globales que los obtenidos el pasado 26 de abril. Así, los 16 escaños que ganaría el PP hasta lograr 82 serían a costa de los 12 que perdería Ciudadanos, y los 10 que perdería Vox, pero la diferencia solo beneficiaría al PSOE con seis escaños más procedentes de la derecha, dada la proporcionalidad que prevé la Ley d’Hondt. Las nuevas elecciones serían aparentemente un pésimo negocio para el centro-derecha y solo consagrarían un crecimiento de Pedro Sánchez hasta los 137 escaños, quien ganaría 14 respecto a abril, lo cual es una buena renta. Con estos datos, parece razonable que la apuesta de Sánchez sea ir a elecciones porque no sufriría desgaste alguno, crecería hasta la misma mayoría que obtuvo Mariano Rajoy en 2016, le permitiría gobernar en solitario con apoyos externos desde la izquierda, o incluso con Ciudadanos, y le legitimaría en el liderazgo progresista porque Podemos probablemente entraría en una crisis irreversible.

Nada de lo que ha ocurrido desde abril servirá para resolver la situación de parálisis. No parece probable que ese temor del PSOE a que el electorado de la izquierda se desmovilice termine por dar alas a la derecha. Tampoco resulta factible que el PP, Ciudadanos y Vox se reagrupen en «España Suma» y, muy al contrario, Sánchez conseguirá reducir a Podemos a su mínimo histórico. Es cierto que los 35 escaños que lograría Pablo Iglesias no son la veintena que tradicionalmente obtenía IU, y que Podemos sería de nuevo determinante para la conformación de una investidura, pero desde luego perdería legitimidad, representatividad y liderazgo en la izquierda, hasta el punto de abrir un conflictivo debate interno de sucesión. Sánchez no juega con cartas marcadas, pero los riesgos que correría serían mínimos, lamentablemente para los intereses de todos los españoles. El 10 de noviembre ganaría la izquierda con facilidad, y Sánchez podría gobernar con el apoyo de Podemos y PNV, sin tener que recurrir al independentismo catalán y a Bildu. El único consuelo para la derecha, muy pobre, eso sí, es la reafirmación de Casado como líder de la oposición a costa de un serio desgaste para Rivera, que ha convertido a Ciudadanos en un polvorín.