Opinión

La vileza de Podemos con los enfermos

La vileza de Podemos con los enfermos

Sólo la indiferencia ante personajes de tan escaso nivel moral explica que Ortega no se haya querellado por calumnias

La polémica generada por los dirigentes de Podemos contra la donación de 320 millones de Amancio Ortega a la sanidad pública, debería durar muchos días. Los suficientes para que personajes como Pablo Iglesias o la dirigente madrileña Isa Serra sigan exhibiendo el sectarismo izquierdista que tan bien se refleja en el hambre y el sufrimiento de los venezolanos. Ambos deben seguir insistiendo en que financiar la compra de las mejores máquinas del mundo contra el cáncer es «una limosna inaceptable», porque así se retrata el modelo intervencionista y ruinoso que quieren para un país europeo, democrático y moderno como España. A estas alturas es bueno oír a estos personajes hablar con odio de gente emprendedora como Amancio Ortega, porque así los votantes sabrán a qué atenerse si optan por Unidas Podemos. Los enfermos de cáncer y sus familias, los profesionales de la sanidad y los políticos sensatos estarán perplejos ante esta vuelta al paleolítico que Iglesias propone para España.

Sólo la indiferencia ante personajes de tan escaso nivel moral explica que Ortega no se haya querellado por calumnias, porque le están acusando de evadir impuestos y de vulnerar derechos de los trabajadores. Podrían referirse Iglesias y Serra a los derechos de los trabajadores en Cuba o en Venezuela, pero no; o mirar más cerca, a su compañero Echenique, que sí que tuvo a un empleado sin Seguridad Social y pagándole en negro. Se trata de difamar gratuitamente a un empresario cuya trayectoria desmonta los tópicos andrajosos de la extrema izquierda. El bien común, el bienestar social no es monopolio del Estado. Su satisfacción se comparte con la sociedad, cuyas iniciativas para atender las necesidades ciudadanas son tan legítimas como las de la Administración. Donaciones como la de Ortega sirven para mejorar la sanidad y a un enfermo le da igual quién haya pagado la máquina que lo trata, lo quiere es curarse. Mientras tanto, que Iglesias no deje de gritar desde el fondo de su caverna.