Opinión

La vena totalitaria de Pablo Iglesias

La vena totalitaria de Pablo Iglesias

Con sus ínfulas de politólogo, el vicepresidente de Sánchez intentó justificar ayer sus ataques a la prensa, calificándola como «poder mediático», tan criticable, a su juicio, como el poder político

Iglesias se está perdiendo en un laberinto de conspiraciones para escapar de la onda expansiva del «caso Dina», que cada día que pasa es más «caso Iglesias». Con sus ínfulas de politólogo, el vicepresidente de Sánchez intentó justificar ayer sus ataques a la prensa, calificándola como «poder mediático», tan criticable, a su juicio, como el poder político. Iglesias debería saber que la prensa es un poder de la sociedad y para que la sociedad cree su opinión pública. A Iglesias le disgusta la prensa, pero más aún la opinión pública que la sociedad ha generado sobre su turbia participación en el caso de la tarjeta de Dina Bousselham. En un sistema democrático, el control sobre el Gobierno se lleva a cabo en el Parlamento y en los medios de comunicación. La libertad de información es un pilar de la democracia liberal y siempre es la primera víctima de las dictaduras, como la chavista. Iglesias salta de conspiración en conspiración como quien salta de piedra en piedra para no caer al río. Primero fueron las «cloacas del Estado», luego los jueces y ahora, los periodistas. Todo para sustraerse a una responsabilidad política que se hace más nítida con cada información que demuestra que tanto él como su partido sabían que nunca hubo robo de tarjeta, ni complot policial contra ellos. Para complot, quizás el de los fiscales del caso con la abogada de Podemos. Lo de Dina Bousselham va por otro lado e Iglesias lo sabe tan bien que no hace más que lanzar cortinas de humo para desviar la atención de los ciudadanos.

El resultado de esta estrategia de confrontación será el fracaso. No hay político que gane el pulso a una investigación judicial independiente y que doblegue a una prensa libre, salvo cuando la Justicia y los medios son sometidos a presiones intolerables. Esto en democracia suele suceder cuando políticos de pulsiones totalitarias, como Pablo Iglesias, llegan al poder.