Opinión

La ruptura puede esconder una farsa

La ruptura puede esconder una farsa

Pedro Sánchez dio ayer por rotas las negociaciones para obtener los votos de Podemos en la investidura, y culpó a Pablo Iglesias por su intransigencia obsesiva en ser ministro. Según Sánchez, la consulta organizada por Podemos está trucada -lo cual es cierto- porque no es sino una coartada para que Iglesias vea avalada su negativa a investirlo. La repetición de elecciones generales en noviembre parece ser así la única salida a esta crisis institucional ya que el Partido Socialista, inexplicablemente, renuncia a fraguar otra sesión de investidura en septiembre. O julio, o elecciones. Esa es la consigna del PSOE para presionar a Pablo Iglesias, a Ciudadanos y, en última instancia, al Partido Popular. Sin embargo, Pedro Sánchez ya ha ofrecido muchos argumentos para sostener que su palabra no es creíble, ni su actitud fiable. Por negativo que parezca el panorama, y por infinito que sea el desentendimiento personal entre Sánchez e Iglesias, conviene desconfiar y no descartar que todo este proceso sea una farsa y que haya un acuerdo in extremis antes del próximo lunes, en víspreas del discurso del presidente en funciones en el Congreso de los Diputados.

Las apariencias apuntan a un veto mutuo sin marcha atrás, y así lo refleja el tono de frustración empleado ayer por Pedro Sánchez. Sin embargo, la presión de la izquierda social y mediática sobre ambos es tan grande como el temor a una desmovilización masiva de la izquierda electoral si se convoca de nuevo a las urnas. Por eso es prematuro dar por fallida la investidura de la semana que viene, ya que la realidad no siempre es lo que parece. Aun así, el escenario es sombrío porque no es nada fácil que alguno de los dos claudique. Cuestión de tacticismo, pero también de soberbia e irresponsabilidad.