Opinión

La picaresca hipotecaria

La picaresca hipotecaria

«Es muy posible que los consumidores deudores de préstamos bancarios hayan recibido, al igual que Lázaro de Tormes, malos tratos por parte de algunas de las entidades bancarias con las que contrataban. Pero si esto es cierto también lo es que ha habido bastantes consumidores que se han vuelto tan pícaros con sus bancos como Lázaro con sus amos»

Tras los cuarenta años de vigencia de nuestra Constitución, la protección de los legítimos intereses económicos de los consumidores, que ordena el artículo 51, parece haber dado lugar a dos sistemas. Uno, «subjetivo», que es el clásico o tradicional, y que sigue vigente en el ámbito de la publicidad ilícita; y otro, más reciente, «objetivo», que es el que rige en los contratos de préstamo hipotecario con cláusulas abusivas.

El sistema de protección «clásico» se organizó inicialmente en torno a un determinado prototipo de consumidor, razón por la cual se habla de una protección «subjetiva». En sus orígenes la protección no se reclamaba para todo tipo de consumidor, incluidos el ignorante, poco consciente o distraído, sino solo para un tipo