Opinión

La lengua de todos, arrinconada en Cataluña

La lengua de todos, arrinconada en Cataluña

La lucha por el bilingüismo en el sistema educativo catalán se está perdiendo ante la pasividad del Estado. La expulsión del castellano de las aulas nunca fue una exageración de cuatro familias de «charnegos», sino un instrumento para desarraigar a los jóvenes catalanes de cualquier vínculo cultural, social e intelectual con el resto de España. Su objetivo, la crisis social que hoy vive Cataluña. La última confirmación de esta limpieza lingüística se encuentra en el informe elaborado por la Asamblea por una Escuela Bilingüe, cuya conclusión es muy clara: ni un solo colegio ni instituto catalán cumple con la obligación de que un 25 por ciento de la enseñanza se imparta en castellano.

La sola voluntad del nacionalismo no es suficiente para semejante desprecio por la ley y las sentencias de los tribunales, que encuentra su complemento perfecto en la pasividad de los gobiernos centrales y en la actual connivencia de la izquierda para la ejecución de la hegemonía nacionalista. El supuestamente moderado nuevo presidente del Senado, Manuel Cruz, ya ha dicho que no se dan las condiciones para otro 155. Mensaje que el nacionalismo recibe con alivio porque garantiza impunidad, pese a convertir la escuela catalana en un vivero separatista de adoctrinamiento de alumnos y persecución de profesores. El «no te preocupes» de Sánchez al preso Junqueras significa toda una declaración de principios, que incluye seguir mirando a otra parte en la marginación del castellano en las aulas. Quien crea que permitiendo al nacionalismo conservar sus resortes de control social e intervención ideológica va a lograr su apaciguamiento, no sólo se equivoca, sino que se convierte en cooperador activo de la «balcanización» de Cataluña. Y ahí sigue la izquierda española, complacida con las políticas nacionalistas más disgregadoras que se practican en la UE.