Opinión

La generosidad de Sánchez, a prueba

La generosidad de Sánchez, a prueba

Pedro Sánchez debe decidir. O acepta la moderación y sensatez que le ofrece el PP o encalla con toda su demagogia en la extorsión de sus socios de siempre

La comisión parlamentaria para la «reconstrucción» de España tras la crisis del Covid-19 está llamada a ser un punto de encuentro entre el Gobierno y partidos de la oposición como el PP y Ciudadanos, y una fórmula para alcanzar acuerdos útiles para la sociedad española. Pero la tentación de ideologizar la respuesta política contra el virus va a estar siempre presente, sobre todo si la comisión es una marioneta en manos del PSOE y Podemos. Es cierto que Ciudadanos ha emprendido una estrategia de acercamiento al PSOE como alternativa a su marasmo político y electoral. Arrimadas ha concluido que, a la sombra del PP, Ciudadanos está abocado a una desaparición fáctica, y por eso exhibe cada acuerdo con Sánchez, por mínimo que sea, como un gran éxito político. Pero la letra pequeña de esos pactos apunta a una extraña sumisión de Ciudadanos que puede salirle cara a medio plazo. Distinto es el caso del PP, entre otros motivos porque multiplica por nueve los escaños de Ciudadanos y porque Sánchez necesita ahora a Casado. Es innegable que sin necesidad de dar carta de naturaleza a todas las propuestas del Gobierno, el PP puede hallar puntos de encuentro con Sánchez, sobre todo en el ámbito de la réplica sanitaria para evitar rebrotes del virus en otoño, porque la protección de la salud pública debe imponerse sobre cualquier interés ideológico o táctica política. Pero también en el ámbito europeo, donde el PP es esencial para proteger los intereses españoles, o en la respuesta económica a la depresión que se avecina.

En cualquier caso, la derecha no debe caer en nuevas trampas del Gobierno. El PP, como Ciudadanos, se está ofreciendo de buena fe desde la moderación y la cesión política para lograr consensos que consideran útiles para los españoles. Pero la actitud de Sánchez no es del todo satisfactoria. Son de sobra conocidas su afición por la mentira y la endeblez de su palabra. En otros términos, Sánchez no es fiable, y por eso la oposición debe caminar con tiento. De momento, Sánchez ha dado un hachazo ideológico a la educación concertada, dejándola al margen de cualquier tipo de ayuda económica en la recuperación. Además, permanece callado ante las exigencias de sus socios naturales -el independentismo, los herederos de ETA, el populismo extremista de la izquierda o el nacionalismo excluyente- de conformar cordones sanitarios contra la derecha. No conviene engañarse porque para Sánchez sigue siendo una prioridad pactar unos nuevos presupuestos con esa retahíla de partidos dogmáticos, intransigentes, chantajistas y odiadores de España. Sánchez debe decidir. O acepta la moderación y sensatez que le ofrece el PP o encalla con toda su demagogia en la extorsión de sus socios de siempre. No tiene más alternativa, porque su opción tradicional -mentir a todos- ha dejado de tener sentido.