Opinión

La desconfianza se paga en Europa

La desconfianza se paga en Europa

Calviño tenía todas las cualidades necesarias para haber sido aclamada como la primera mujer en presidir la reunión de ministros de Economía de la zona euro, pero forma parte de un Gobierno que suscita enormes suspicacias

La derrota de Nadia Calviño en su intento de ser elegida presidenta del Eurogrupo ha de serle atribuida, sin duda, a la imprudencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cuya visión instrumental del poder cuadra mal con los usos políticos europeos. Calviño tenía todas las cualidades necesarias para haber sido aclamada como la primera mujer en presidir la reunión de ministros de Economía de la zona euro, como demuestra el hecho de que hubiera obtenido un número muy importante de votos en la primera vuelta, pero forma parte de un Gobierno que suscita enormes desconfianzas por la presencia en su seno de populistas de extrema izquierda que no han ocultado nunca sus inclinaciones heterodoxas en la gestión de la economía. Aún con todo, algunos gobiernos tan relevantes como el alemán, habían apoyado a Calviño con la idea de reforzar su posición en el seno del gabinete y ayudar a Sánchez a reducir su dependencia de Podemos y abriéndole una puerta a la cooperación con la oposición de centro-derecha.

Ahora sólo falta por saber si la entrevista del presidente del Gobierno en el «Corriere della Sera» en la que se jactaba de no haber tenido jamás la menor intención de pactar nada con el Partido Popular fue un desliz como tantos otros, o era un mensaje-bomba bien calculado cuyo objetivo no podía ser otro que el de boicotear la votación de ayer. A Calviño le hacían falta algunos votos que solo podían venir de Gobiernos populares y con esta declaración Sánchez no solamente los ahuyentó, sino que excluía además cualquier fantasía sobre una rectificación de su programa económico en el futuro hacia posiciones más alejadas de las de Podemos.

La ministra ha pasado el trago como ha podido y en su primera reacción tras la derrota ha agradecido los apoyos de estos días, con una mención específica al presidente Sánchez, a guisa de declaración de lealtad. En realidad, la peor noticia de esta votación es que si se había planteado como un pulso entre Calviño y Pablo Iglesias, ha ganado claramente el segundo. Calviño queda muy debilitada y la próxima vez que intente atemperar cualquiera de las obsesiones programáticas del líder de Podemos, lo va a tener muy difícil. Algunos medios diplomáticos en Bruselas dieron a entender que la imagen de un Gobierno frágil, lleno de personalidades discrepantes y mal coordinados, podría no durar ni los dos años y medio del mandato del presidente del Eurogrupo. Que Calviño no haya sido elegida como presidenta del Eurogrupo no contribuye en nada a mejorar las cosas.