Opinión

La «cloaca» está en Podemos

La «cloaca» está en Podemos

Iglesias hoy ya es culpable de una maniobra que le desacredita como cargo público y que demuestra que Podemos, y no el Estado, sí es una «cloaca»

Las últimas revelaciones conocidas sobre la investigación de la Audiencia Nacional al ex comisario Villarejo por un supuesto chantaje de las «cloacas del Estado» a Podemos demuestran que Iglesias es, como mínimo, un mentiroso que no merece ejercer cargo público alguno y, como máximo, un presunto delincuente merecedor de que la Justicia abra cuanto antes una causa contra él. Los comentarios internos de varios grupos telefónicos de Podemos demuestran que desde hace cuatro años Iglesias ya sabía que el llamado «caso Dina» -denominado así por Dina Bousselham, ex asesora de Iglesias en el partido- no era una maniobra de ninguna «policía política» del PP, sino un intento deliberado de engañar a la justicia. La Audiencia ha descubierto que Iglesias se ha presentado durante años como víctima de un chantaje de Villarejo, cuando en realidad fue él quien se apoderó de una tarjeta telefónica de Dina Bousselham con contenido íntimo y comprometedor, quien la retuvo durante meses sin devolvérsela a su propietaria, y quien al parecer trató de quemarla para destruir su contenido. O sea, para destruir pruebas contra él. El caso presenta además otras aristas delicadas que debieron inducir a uno de los fiscales anticorrupción a abstenerse de investigar. A día de hoy, hay suficientes indicios de que ese fiscal, Ignacio Stampa, filtró información oficial y secreta del Juzgado a la abogada de Iglesias y de Bousselham, Marta Flor, con la que además mantenía una relación personal que superaba con creces la lógica cortesía procesal propia de cualquier investigación. En chats internos de Podemos, Flor se refería cordialmente a ese fiscal como «Ironman», revelaba que Stampa pretendía socorrer «extraoficialmente» al partido ante posibles envites en el Supremo, le alertaba sobre posibles registros y favorecía a Marta Flor de forma evidente. Hasta la fiscal general, Dolores Delgado, ha tenido que rectificar y abrir una investigación a Stampa. Prospere o no -difícilmente lo hará porque esta investigación apunta a ser un paripé que terminará protegiendo a Iglesias-, lo cierto es que todo parece un surrealista guión de cine impropio de una democracia.

Además, Iglesias se ha permitido arremeter contra el juez por excluirle del proceso como víctima y por haber sugerido que podría ser responsable de algunos delitos. Iglesias ha convertido el proceso en una estafa procesal y no es víctima de nada, sino culpable de chantajear a su antigua asesora, de mentir a los Tribunales y de usar la Justicia en beneficio de Podemos a través de engaños. Iglesias podrá no ser penalmente responsable. O sí. La Justicia lo decidirá. En cualquier caso, hoy ya es culpable de una maniobra que le desacredita como cargo público y que demuestra que Podemos, y no el Estado, sí es una «cloaca». El «caso Dina/Villarejo» es ya el «caso Iglesias».