Opinión

«Gusto que a Dios sabe»

«Gusto que a Dios sabe»

«Hay en sor Ana una voz propia, hecha en la lectura de los místicos de su orden, de santa Teresa y san Juan de la Cruz, pero también en la de fray Luis de León y, probablemente, en la de Garcilaso y Boscán, como demuestra la elección de la forma del soneto para sus versos. La sed de Dios y el placer del encuentro vertebran todo el poemario y producen hallazgos preciosos»

En cualquier país respetuoso con su patrimonio cultural, la publicación de la edición crítica de los diecinueve sonetos que escribió sor Ana de la Trinidad (Dolor humano, pasión divina, Ed. Los aciertos, Logroño 2020) y la atribución definitiva de los mismos a su autora, hubieran sido un acontecimiento cultural de primer orden. Entre nosotros, pese a la extraordinaria calidad de los poemas, ha pasado poco menos que desapercibida. Ni siquiera el hecho de que estos preciosos sonetos los escribiera una mujer que tuvo una empeñosa vida, ha suscitado curiosidad o interés, seguramente porque se da la circunstancia inconveniente de que esta mujer era una monja del siglo XVI y, para más inri, mística, lo que choca por completo con el