Opinión

Grecia da carpetazo al delirio populista

Grecia da carpetazo al delirio populista

La aventura política de Alexis Tsipras se puede resumir en un simple concepto: en el mejor de los casos, Grecia ha perdido cuatro años en un periplo que ha devuelto al país prácticamente donde estaba. Con un mensaje demagógico e imaginario -es decir, populista- Tsipras apareció en la arena política de la crisis más profunda que ha conocido la economía griega, prometiendo lo que nadie podía cumplir. Alentado por su estrambótico ministro de Economía, Yanis Varufakis, se dedicó primero a empeorar las cosas a base de enfrentarse con los socios europeos, los únicos dispuestos a ayudar a su país, hasta que se dio cuenta de que caminaba en la dirección equivocada. Y a pesar de que desde que empezó a aplicar -siquiera parcialmente- las recomendaciones de la denostada Troika la situación ha mejorado sensiblemente, al final los votantes griegos han preferido confiar en un dirigente de centro-derecha como Kyriakos Mitsotakis. Pura ligereza ideológica, Tsipras se dio a conocer como un extremista radical de izquierda, pero no le importó pactar con grupos ultranacionalistas y filonazis, antes de coquetear con la socialdemocracia con una mano, mientras que con la otra se resignaba a aplicar las recomendaciones europeas, incluyendo un control radical del gasto público. No debe extrañar que su gestión haya acabado irritando a unos y a otros.

Este fue el modelo para cierta izquierda que durante la crisis se aferró a las recetas demagógicas más extremistas, empeñada en prometer la solución con recetas que solo servían para empeorar las cosas. Junto a la dictadura chavista, Alexis Tsipras fue el modelo de Pablo Iglesias, que soñaba con una internacional populista mientras acudía a Atenas a los mítines de Tsipras. El mismo Iglesias que ahora dice que quiere ser ministro.