Opinión

Gasto público inviable y propaganda

Gasto público inviable y propaganda

La creación de lo que el ministro de Seguridad Social denomina «ingreso mínimo vital» representa un gesto de irresponsabilidad financiera

Sin tan siquiera esbozar una solución que a medio plazo haga viable nuestro sistema de pensiones, quebrado desde hace años, el Gobierno relanza ahora la idea de establecer una renta mínima para que el maná del dinero público llegue a todos los sectores de la población. Si el sostenimiento económico de los jubilados ha provocado ya un considerable agujero en las cuentas del Estado, cuyo diámetro aumenta de forma proporcional a la demagogia con que los distintos gobiernos se asoman al abismo que lo rodea, la creación de lo que el ministro de Seguridad Social denomina «ingreso mínimo vital» representa un gesto de irresponsabilidad financiera que solo puede encontrar acomodo en los esquemas populistas que en su huida hacia adelante maneja el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Que esta iniciativa dependa de la vicepresidencia que ocupa Pablo Iglesias garantiza su puesta en marcha.

Para José Luis Escrivá. encargado de lanzar el anzuelo, esta renta será «flexible, eficaz, suficiente y evaluable», y también asumible por parte de una Administración que en manos de la izquierda margina las políticas liberalizadoras y generadoras de riqueza para apostar, fiel a sus dogmas, por la extensión de los subsidios sociales y la desincentivación laboral. No serán los «ricos» a los que caricaturiza y persigue el Ejecutivo de Sánchez los encargados de pagar la factura de este nuevo brindis al sol de populismo, sino las clases medias, preparadas para ser sometidas a un nuevo golpe fiscal cuyo último fin es cronificar la pobreza. Las fantasías contables del Gobierno, insostenibles y denunciadas por Bruselas, no son ya un simple reclamo para sus caladeros electorales, sino una amenaza cierta al conjunto de una sociedad cuyo carácter solidario no puede ser pervertido con medidas que atentan contra su propio desarrollo.