Opinión

Emanciparse no puede ser un lujo

Emanciparse no puede ser un lujo

El fracaso de las políticas inmobiliarias de carácter populista, el freno a la vivienda protegida y la inercia inversora de los españoles, históricamente atraídos por el sector del ladrillo, convergen en una ecuación que no solo es económica

A partir de los ajustes aplicados por el Gobierno de Rajoy y los sacrificios asumidos por la sociedad española, la progresiva recuperación que siguió a la crisis financiera de hace una década ha ido invirtiendo el curso y la tendencia de las grandes variables económicas hasta trazar, aún de forma desigual, un nuevo panorama de confianza y bonanza. A este círculo virtuoso escapa, sin embargo, un sector de la sociedad que corre el riesgo de quedarse descolgado de la mejora generalizada que han experimentado la economía y, con ella, las condiciones de vida de la sociedad española. Presentado ayer por el Injuve, el Observatorio de Emancipación Juvenil del cuarto trimestre del año pasado revela que solo el 19 por ciento de los jóvenes menores de treinta años tienen capacidad para abandonar el domicilio familiar y establecerse por su cuenta. Esta cifra no hace sino prolongar una situación que arrancó en 2009 y que de manera ininterrumpida ha llegado hasta nuestros días, enquistada y ajena a una recuperación que no ha calado de forma proporcional entre la población.

El precio de la vivienda -compra o alquiler- impide la emancipación de unos jóvenes que dedican hasta el 90 por ciento de su salario a emanciparse, paso previo y necesario para formar una familia. Es la natalidad, aplazada por falta de solvencia, el índice que más se resiente, lo que añade dramatismo a una crisis cuya sombra se proyecta al futuro y atrapa a las nuevas generaciones en un círculo tóxico cuyo diámetro aumenta de forma proporcional a la brecha que se abre entre unos y otros grupos de edad. El fracaso de las políticas inmobiliarias de carácter populista, el freno a la vivienda protegida y la inercia inversora de los españoles, históricamente atraídos por el sector del ladrillo, convergen en una ecuación que no solo es económica.