Opinión

Elegía por el plástico

Elegía por el plástico

«Me encantaría regresar a las fiambreras de aluminio, las cestas de mimbre, a las garrafas y damajuanas de cristal. Sería maravilloso recuperar el papel de estraza, el caucho, la madera (¿qué dirían los ecologistas ante tamaño desacato a su poder de chantaje y presión?); el vidrio, los cueros, pieles y cerdas animales, de nuevo entre nosotros, aunque los animalistas saltarían justicieros»

Dicen -y no hay razones para dudarlo- que en el centro del Pacífico se ha acumulado una repelente isla flotante de plásticos. Arrastrados por corrientes, remolinos, vientos, se han ido amontonando y la indeseable ínsula alcanza ya la superficie de España, Francia y Alemania juntas. Por ende, infinidad de animales marinos los engullen y mueren de horribles maneras con las branquias y el aparato digestivo bloqueados. Al parecer, la inmensa mayoría de esos desechos plásticos proceden de China, India, Indonesia, Filipinas, África…, países sin remilgos a la hora de contaminar y que fácilmente se refugian en aquello de «Ustedes, bien alimentados y cuidados occidentales, cállense y déjennos seguir emporcando el planeta, que ustedes ya lo hicieron». La verdad es que