Opinión

El PSOE calla ante el error de Sánchez

El PSOE calla ante el error de Sánchez

Llama la atención una vez más ese silencio cómplice y miedoso de muchos dirigentes del PSOE que en privado critican la arrogancia de Sánchez y su proyecto y en público callan

El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, reafirmó ayer su voluntad de pactar una investidura con ERC, erigida ya en una formación esencial para los intereses del PSOE. Por eso, la reunión que mantuvieron la portavoz socialista, Adriana Lastra, y el dirigente de ERC Gabriel Rufián, no fue sino el enésimo gesto mendicante del PSOE para atraerse a quienes han exigido un referéndum de autodeterminación, una «amnistía», la excarcelación de los sediciosos condenados por el Tribunal Supremo, y la creación de una «mesa de diálogo» en la que el Gobierno facilite la destrucción de la soberanía nacional consagrada en la Constitución. Por eso llama la atención una vez más ese silencio cómplice y miedoso de muchos dirigentes del PSOE que en privado se muestran escandalizados por la arrogancia con que Sánchez pretende claudicar ante el separatismo con tal de garantizarse una legislatura en La Moncloa. Pero es evidente que las advertencias de los sempiternos socialistas pragmáticos que apelan a la sensatez frente al secesionismo -Felipe González o García Page, ayer mismo- siempre caen en saco roto. Carecen ya de influencia alguna en una dirección del PSOE sumisa, diseñada a imagen y semejanza de Sánchez, y en la que ya no solo no cabe la disidencia, sino tampoco la más leve discrepancia. Desde que en el año 2000 José Luis Rodríguez Zapatero alcanzó la secretaría general del PSOE, y con la breve excepción del periodo liderado por Pérez Rubalcaba, en ese partido siempre ha triunfado el sector más radical y ferviente de la España «plurinacional». Son ya casi dos décadas de un PSOE soberanista que se impone sobre ese otro socialismo que siempre se agazapa y autoneutraliza frente a líderes como Sánchez o Zapatero, cuya idea de España como nación es «discutida y discutible».

No hay voces objetivamente críticas. Como mucho, discrepantes sojuzgados que asisten mudos y complacientes a un proceso de perversión de la senda constitucionalista, por la que el PSOE discurrió hasta hace dos décadas. Ahora, suplicando sus votos a ERC -o a Bildu, como en Navarra-, el PSOE demuestra que desde hace tiempo es el bisturí de la izquierda para abrir en canal el debate de la ruptura territorial. Y cualquier intento de La Moncloa para edulcorar su mensaje solo oculta una mentira y aboca a la melancolía. Sánchez domina el PSOE a capricho, y punto. Y si hoy el Gobierno de España va a depender del secesionismo y de su capacidad para imponer su chantaje, es porque el PSOE así lo necesita y quiere. El socialismo quiere apoyar a ERC en Cataluña para desbancar a Joaquim Torra, y ERC quiere apuntalar a Sánchez para celebrar una consulta. Pero nadie en el PSOE se atreve a plantarse.