Opinión

El progreso no necesita progresistas

El progreso no necesita progresistas

«Progre es un subproducto posmoderno, sobrado y resentido, que se cree Ortega y que la cultura le pertenece, sobre todo la noche de los Goya; ignorando que el epicentro de la cultura ha basculado (a nuestro pesar) de las imprescindibles artes y humanidades hacia la ciencia y tecnología y a una amplia ontología que estas disciplinas fomentan»

En época de la Revolución Francesa, se produjo una filosofía del bienestar llamada progresismo. Hubieron de coincidir para ello tendencias múltiples en alimentación, salubridad, migraciones y demografía. El progresismo buscaba el progreso y lo encontró. Pero ningún estudioso de entonces pudo aclarar en qué consistía aquel fenómeno, aún balbuceante, que permitía mejorar la sociedad.

La Revolución Industrial, con la que enlaza, genera nuevas clases sociales: el proletario sustituye al campesino; el burgués desplaza al aristócrata; el pensador al monje. Numerosas innovaciones y una mayor seguridad jurídica fomentan la creación del capital en forma de manufacturas y transportes, que relegan a la agricultura, la artesanía y el comercio. Y en el origen aparece un protagonista: el emprendedor; egoísta para algunos y