Opinión

El Gobierno catalán pide más dinero

El Gobierno catalán pide más dinero

Con una mano, la Generalitat patrocina a los CDR y su política de odio a España, y con la otra exige al Estado al que tanto odia que se sacrifique para que Cataluña pueda pagar sus facturas

Independientemente de cómo se resuelva la negociación entre el PSOE y ERC para la investidura de Pedro Sánchez, la Generalitat de Cataluña pedirá al Gobierno en 2020 unos 10.000 millones de euros para su financiación, lo que representa 2.000 millones más que en 2019 y la mitad del montante global destinado a todas las autonomías para el próximo año. Por muchos motivos, Cataluña no está legitimada para sostener que es una comunidad agraviada. Resulta extraño y cínico que los que pretenden declararse independientes del resto de España y constituir una «república» tengan que pedir al resto de los españoles la mitad de lo que se recauda para la sostenibilidad de su financiación autonómica. Con una mano, la Generalitat patrocina a los CDR y su política de odio a España, y con la otra exige al mismo Estado al que tanto odia que se sacrifique para que Cataluña pueda pagar, por ejemplo, su factura farmacéutica o las nóminas de sus empleados públicos. Hay datos contundentes y reveladores: Cataluña tiene los mercados cerrados, su bono es calificado de «basura» y tiene vedado endeudarse más porque el riesgo de su deuda es muy elevado. Más aún, la Autoridad Fiscal calcula que ese riesgo se prolongará hasta 2040, una vez que el Gobierno de España, no de ningún otro país, ha podido constatar que es el principal acreedor de Cataluña, con el 74 por ciento de su deuda. En definitiva, no debería ser nunca el Estado quien cediese ante el separatismo catalán porque su relación de dependencia de España es evidente.

El imaginario secesionista ha dibujado demasiadas veces escenarios irreales para convertir su utópica república en un edén. Pero todo es una ficción. Desde las balanzas fiscales hasta la historia que se enseña en los colegios catalanes. Desde la información que se ofrece al ciudadano en su radio y televisión públicas hasta la soberbia con que sus dirigentes se desempeñan mientras Sánchez y el PSOE les mendigan apoyo parlamentario. La única verdad del separatismo es que debe al resto de los españoles su propia supervivencia, porque el dinero no nace en los árboles catalanes. Más bien se recauda en el bolsillo de todos los contribuyentes y después se distribuye con los criterios de solidaridad interregional que establece la Constitución. Pero la Generalitat solo se da por aludida cuando el saldo es a su favor. Por eso resulta indignante la incapacidad de Sánchez de hacer pedagogía con la realidad en vez de alimentar el injustificado victimismo de la Generalitat. Pedir cada vez más dinero no es una solución para un Ejecutivo como el catalán, que ha decidido no legislar y no gobernar. Pero Cataluña es España, y siempre tendrá el apoyo del resto de españoles.