Opinión

El gasto requiere una gestión eficaz y sostenible

El gasto requiere una gestión eficaz y sostenible

Lo que más preocupa del escenario macroeconómico presentado ayer por el Gobierno ya no son solo sus agravadas previsiones. Y eso que siguen siendo escasamente verosímiles. Un ejemplo: aunque ahora el desplome anunciado está más en sintonía con las advertencias anteriores de varios organismos independientes -un 11,2% para este año, el mayor de nuestra historia reciente-, las cifras siguen pecando de un optimismo contraproducente. Para muestra, el jarro de agua fría de la AIReF minutos des

pués de la comparecencia de las ministras de Economía y de Hacienda en el Consejo de Ministros: los datos gubernamentales solo representan el mejor de los escenarios posibles en un contexto de máxima incertidumbre, y el ritmo de crecimiento real será mucho más lento del contemplado.
El Ejecutivo debe de pensar que el papel lo aguanta todo, pero hay un valor que no soporta más su ausencia de rigor: la credibilidad
. No es casual, pues, el deterioro de la imagen de nuestro país en el exterior dado el escaso escrúpulo que acompaña sus actuaciones. Lo cierto es que, a ojos de Alemania, España ya es el niño problemático de la Unión. Y que los bancos de inversión más influyentes del mundo nos señalan como los rezagados y los más débiles.Dicho esto, lo más peligroso para nuestra economía es la respuesta que el Gobierno contempla para revertir sus previsiones. Una semana después de suspender por sorpresa las reglas fiscales, ha anunciado que elevará como nunca antes en la historia el techo de gasto: un 53% respecto el pasado ejercicio, hasta los 196.097 millones de euros. Cierto es que el gasto público supone hoy, dada la magnitud del desastre pandémico, una vía apta y necesaria para tratar de paliar la crisis económica. Pero disparar el gasto sin sostenerlo en un plan disciplinado, sin marcar unos mínimos objetivos de estabilidad,
será tan contraproducente como querer convertir esta excepcionalidad en la norma
. En este sentido, es inquietante que el portavoz Echenique vea en esta política tan expansiva como extraordinaria «un cambio de rumbo», afirmando que la fórmula del grifo abierto debe permanecer y regir la elaboración de los Presupuestos. Al tiempo, anuncia que quiere expulsar a «la derecha» -a medio país- de su negociación. Mientras los expertos claman por el consenso y un mínimo de control, el ala más radical del Gobierno, que sigue teniendo un peso preocupante, apura su agenda intervencionista y rechaza acompañar un aumento tan exponencial del gasto de una vigilancia estrecha, condición que debiera ser obligada. Para sortearla, se evitó la semana pasada el trámite parlamentario de la senda de déficit.La eficiencia en el empleo del gasto es vital para salir de la crisis. Así lo recordó ayer Hernández de Cos. El gobernador del Banco de España abroncó a los diputados por dinamitar a conciencia el consenso, cuando es el único camino válido para emplear los fondos en las reformas estructurales que se reclaman desde hace años para que el sistema sea sostenible. Pero la política tóxica no mira más allá de su guerra ideológica.