Opinión

Ejemplaridad pública, diez años después

Ejemplaridad pública, diez años después

«Ha pasado una década desde que el libro fue publicado. Podría uno preguntarse si desde entonces la ejemplaridad ha aumentado o disminuido en el mundo. En cierto sentido ha aumentado, teniendo presente que la ejemplaridad ha sido definida antes como una “propuesta de perfección” y que la perfección no existe en nuestro mundo imperfecto. Su modo de ser es ideal y su residencia habitual está domiciliada en la conciencia de los ciudadanos»

«Ejemplaridad pública» se publicó en otoño de 2009. Años después, se integró como tercera entrega en la «Tetralogía de la ejemplaridad» (Taurus, 2014; DeBolsillo, 2019). Naturalmente, a lo largo de cuatro libros y más de un millar de páginas, hay ocasión de tocar muchos asuntos. Pero cuando me invitan a comprimir su contenido en apretada fórmula, suelo decir que la «Tetralogía», en último término, propone una ontología y una pragmática desde la perspectiva del universal concreto del ejemplo. Aunque ontología y pragmática son palabras rimbombantes, enfáticas, de una solemnidad anticuada, basta un poco de buena voluntad para que se dejen traducir a preguntas de lo más corrientes: ¿Qué hay en el mundo? (Ontología). Dado lo que hay, ¿qué hacer? (Pragmática).