Opinión

Decae la alarma, queda la propaganda

Decae la alarma, queda la propaganda

El Ejecutivo de Sánchez lo basa todo en el encubrimiento. Los muertos no se cuentan y la pobreza es el motor de la solidaridad progresista para que nadie se quede atrás

El barómetro que hoy publica ABC cierra la serie con la que GAD3 ha tomado el pulso a la opinión pública desde la declaración del estado de alarma, a mediados del pasado marzo. El fin de la excepcionalidad decretada por el Gobierno abre una nueva etapa definida por la incertidumbre sobre la evolución doméstica de la pandemia, la profundidad de la herida económica causada por la parálisis comercial y, no menos relevante, la actitud del Ejecutivo ante un desafío que en estos últimos tres meses ha tratado de afrontar con una sobredosis de propaganda, de opacidad y de tergiversación de los datos. No se puede abordar el análisis integral de esta crisis sin situar en primer plano el esfuerzo realizado por el Ejecutivo de Pedro Sánchez para manipular una realidad en la que ni siquiera ha respetado la estadística oficial del número de fallecidos, en la que aún tiene pendiente la «ubicación» de más de 13.000 víctimas. En este sentido, el decaimiento del estado de alarma no va a representar ningún cambio en la política de comunicación de un Gobierno que incluso antes de este periodo excepcional había tratado de ocultar la naturaleza y los fines políticos de los pactos que le permiten sobrevivir y de las iniciativas legislativas con que enmascara su dependencia del extremismo, el mismo del que renegaba antes de contratar sus servicios y sus votos. Nacido de una mentira, el Ejecutivo de Sánchez lo basa todo en el encubrimiento. Los muertos no se cuentan, la pobreza es el motor de la solidaridad progresista para que nadie se quede atrás y las ayudas europeas van a ser el comienzo de una nueva era en la que no habrá ajustes ni reformas. Cuestionar estas verdades absolutas es un inequívoco síntoma de fascismo.

El último barómetro de GAD3 revela, sin embargo, los límites de una campaña de confusión que solo ha logrado su objetivo de forma parcial. Hay una mayoría que aún considera, como pretende el equipo de Sánchez, que la gestión de la crisis del Covid ha sido en España muy similar a la de otros gobiernos, pero la desconfianza va en aumento. Solo un 18,8 por ciento de los encuestados cree ya que el Ejecutivo dice la verdad, y apenas un tercio de ellos estima que ha actuado con previsión. De las instituciones y colectivos profesionales movilizados en la batalla contra el virus, el peor valorado es un Gobierno en el que ningún miembro logra aprobar en la tabla de valoración y cuyas notas más bajas las cosecha la pareja que forman Pablo Iglesias e Irene Montero. Lejos de aglutinar a una opinión pública que suele buscar cobijo en las instituciones cuando se siente amenazada, el Ejecutivo ha dilapidado en estos tres meses de estado de alarma el aval que la sociedad le entregó para superar una crisis de la que, a lomos de la mentira, salimos más divididos, debilitados y desconfiados.