Opinión

De mal en peor, y sin presupuesto

De mal en peor, y sin presupuesto

La pandemia obliga a tener ideas nuevas para salir adelante, pero pactar con comunistas un plan con más impuestos, y sin abordar el gasto, es cualquier cosa menos nueva

El pacto económico, fiscal y presupuestario debe ser la prioridad de Pedro Sánchez porque la situación va de mal en peor. Sin paños calientes, la Comisión Europea ha agravado el desplome del Producto Interior Bruto en España a finales de año, desde su previsión anterior del 9,4 por ciento a la última del 10,9. El diagnóstico de Bruselas atisba una recuperación en 2021 que no compensará la caída de este año. El desempleo aumentará porque la actividad económica no se recuperará a niveles capaces de absorber toda la pérdida de puestos de trabajo que se está produciendo como consecuencia de la parálisis del estado de alarma.

La previsión de la Comisión Europea es que la finalización de los ERTE dará paso a un grave incremento del paro. La zona euro, a la que se agarra como a un clavo ardiendo el Ejecutivo, difícilmente ayudará al repunte de la economía española, porque su actividad caerá un 8,3 por ciento a final de año. Frente a este escenario de crisis laboral y económica, probablemente sin precedentes, la responsabilidad de Pedro Sánchez es poner las condiciones de un pacto amplio cuyo primer destinatario ha de ser el Partido Popular. La solidez política en España sigue necesitando el consenso bipartidista, al que se sumen los demás partidos que quieran. Lo que no tiene sentido político, salvo por el propósito de dinamitar cualquier acuerdo, es que Sánchez dé prioridad al acuerdo con Unidas Podemos, en torno a una agenda de subida de impuestos y aumento desmesurado del gasto público, la deuda y el déficit. Es evidente que este es tiempo de políticas públicas incentivadoras, pero para sostener la capacidad de consumo de las familias, reactivar la economía, generar empleo y reencontrar el camino de la prosperidad. No es el momento de adormecer el emprendimiento y la búsqueda de empleo con políticas de subsidio paternalistas. Tampoco es la ocasión para que el sector comunista del Gobierno intente infiltrar sus códigos intervencionistas, que no han hecho más que aumentar la pobreza allí donde se han implantado.

El Banco de España ha instado al Gobierno a suprimir gasto público superfluo. Es una recomendación con mucho calado político, porque ataca la raíz de una estructura de gasto difícilmente sostenible, incluso en tiempo de bonanza. Subir impuestos para seguir financiando un entramado de gasto público no esencial es, en estas condiciones, una confiscación a las clases medias y la decisión segura para retraer el consumo y aumentar el desempleo. La pandemia obliga a tener ideas nuevas para salir adelante, pero pactar con comunistas un plan con más impuestos, y sin abordar el gasto, es cualquier cosa menos nueva.