Opinión

Cuando salí de mi tierra

Cuando salí de mi tierra

«En el vagón del tren que me llevaba al destierro me vino a la mente, repetidamente (como una frase musical cuando juego al ajedrez), un pasaje de la carta de Schrödinger a Einstein. Y también su famoso gato. Cómo me hubiera gustado maullar con él… Al mismo tiempo en mi tierra natal y lejos de ella»

Con qué desconsuelo estuve a punto de llorar varias veces en el vagón del tren que me condujo a París hace casi setenta años. Sin embargo, aquel 11 de diciembre de 1955 me imaginaba, como hoy me imagino, tan sólo provisionalmente desterrado. Con qué sorpresa me invadió (con encajes de irracionalidad) una excitación trenzada de pavor en el jarro de la esperanza. Fueron tantos los españoles que, mordiéndose los pies, emprendieron un periplo parecido sambenitados de emigrantes exiliados o viceversa. El historiador nos dedicó un capítulo, el sociólogo un panfleto, Kundera una novela y el popularísimo, entonces, Juanito Valderrama, una copla:

Cuando salí de mi tierra

volví la cara llorando

porque lo que más quería