Opinión

Chile, modelo para iberoamérica

Chile, modelo para iberoamérica

«La relación de Chile con España es muy especial, como la que existe entre una madre y una hija», asegura Sebastián Piñera en páginas de Internacional, sección en la que el presidente chileno repasa hoy las claves de un intercambio económico y cultural basado en la confianza mutua y en unos intereses compartidos desde hace décadas. Cambian los gobiernos a uno y otro lado del Atlántico, pero esa relación se mantiene. Tras Estados Unidos, España se sitúa como segundo inversor internacional en un país cuya estabilidad política le ha permitido crecer de forma sostenida en los últimos años, una era de desarrollo marcada por la caída progresiva del desempleo y la generación de riqueza. Ni siquiera la guerra comercial que afecta a los mercados globales va a impedir que el PIB chileno crezca este año por encima del 3 por ciento, cifra que revela la solidez de las reformas aplicadas por el equipo de Piñera para proteger a la economía del país frente a las turbulencias exteriores. Centenaria e inequívoca, la vocación atlantista de España no solo se manifiesta a través de su alianza con sus socios europeos y norteamericanos, sino con una Iberoamérica para la que sirve de puente hacia la UE y con la que perpetúa unos flujos históricos que apuntan a un futuro igualmente compartido.

No es casual que Chile lidere el crecimiento económico en Iberoamérica, continente sacudido por una devastadora ola populista, aún activa en varios países, de la que tardará mucho tiempo en recuperarse y que gobiernos como el de Sebastián Piñera han sabido evitar -y denunciar- para erigirse en modelo de desarrollo. Frente al chavismo o el peronismo que han desvalijado medio continente suramericano, Chile exhibe ante España y el mundo el resultado de una gestión definida por la sensatez y la moderación.