Opinión

ABC y el valor de la comunicación

ABC y el valor de la comunicación

No faltan hoy quienes, como hace un siglo, tratan de acallar las voces de la crítica para evitar el control que ha de ejercer la prensa libre

Presidida por Sus Majestades los Reyes, la tradicional cena de los Cavia sirvió anoche para premiar y reivindicar la excelencia periodística, pero también para reconocer la permanencia y la vigencia de una forma de entender la comunicación que desde hace ya más de un siglo pasa por la responsabilidad, la ética pública y el servicio a la sociedad. Instituido en 1920 como homenaje y reconocimiento de don Torcuato Luca de Tena a un periodista de la competencia, el insigne Mariano de Cavia, el galardón que da nombre a los premios de ABC fue desde su origen la expresión más sincera y directa de la liberalidad con que esta Casa quiso abrirse al exterior y proyectar al lector la necesaria pluralidad de ideas con que se conforma y equilibra la opinión pública. Estamos donde estábamos, ayer aplaudiendo el genio y el compromiso de profesionales como Arturo Pérez-Reverte, Maruja Torres y Dani Duch, con la misma actitud e idénticos principios que hace un siglo, cuando Dionisio Pérez recogió el primer premio Mariano de Cavia por un artículo dedicado al proyecto regeneracionista de Joaquín Costa. Un siglo ha pasado desde aquella noche fundacional de los Cavia, cien años en los que la Casa de ABC no ha sido ajena al autoritarismo de quienes, de uno y otro lado, unidos por la tentación compartida del sometimiento, trataron de neutralizar el debate y reducirlo a un ejercicio de obediencia cuya víctima nunca es ni ha sido el periodismo, sino la sociedad a la que este ha de servir.

No faltan hoy los que, como entonces, tratan de acallar las voces de la crítica para evitar el control que ha de ejercer la prensa libre. Tampoco andamos escasos de intransigencia y de dogmatismo. Frente a la visceralidad y la superficialidad con que se activan unas corrientes de opinión a las que se priva de manera premeditada y espuria de la reflexión, el contraste y el sosiego intelectual, cabeceras como ABC anteponen la apertura y altura de miras, proponen el valor de la moderación y abren el necesario diálogo de la sociedad consigo misma, con el debido reposo y al margen de cualquier movimiento reactivo. El pensamiento único no es un invento actual, pero cuenta hoy con mecanismos -tecnológicos y culturales, en forma y en fondo- que lo hacen más lesivo para la sociedad. La noche de los Cavia, con la que ABC estrenó ayer su nueva sede, proyecta desde hace cien años el valor del conocimiento y del análisis, imprescindibles para ventilar y actualizar el catálogo de ideas que articula y permite madurar a la opinión pública. No renunciamos a nuestros principios -la defensa de la unidad de España, el orden constitucional y la monarquía parlamentaria, desde una mirada liberal-, pero tampoco a los valores del encuentro, el diálogo y el acuerdo que, dentro y fuera de las páginas de un periódico centenario, contribuyen a integrar y hacer avanzar a la sociedad.