Opinión

A más cargos, más insolvencia

A más cargos, más insolvencia

El Gobierno más extenso de los últimos años se está revelando también el más ineficaz a la hora de gestionar la peor crisis de salud del último siglo. La estructura mastodóntica creada por Pedro Sánchez, forzado por su pacto con Pablo Iglesias y por el costoso equilibrio de familias dentro del PSOE, está convirtiéndose en este momento en un freno para la agilidad que requiere la lucha contra la pandemia. A ello se une la discrecionalidad en el nombramiento de cargos de libre designación. Tal como revelamos hoy, estamos ante el récord de cargos en el organigrama del Ejecutivo desde el mandato de Rodríguez Zapatero. El Gobierno de PSOE y Podemos registra el mayor número de directores generales a dedo de las dos últimas décadas, que es el periodo del que hay datos disponibles. A tenor de los decretos publicados en el BOE, el gabinete de Sánchez e Iglesias habilita 13 excepciones, frente a las siete de Zapatero en 2008 o las cinco de Rajoy en 2011. Y ello teniendo en cuenta que se trata de un Gobierno compuesto por 22 ministerios, incluidos departamentos -como Comercio- elevado de rango para satisfacer el cambalache de cargos entre los socialistas y la extrema izquierda.

Causa perplejidad y sonrojo que, justo en un momento en el que la crisis económica derivada de la pandemia está poniendo en jaque al conjunto de la actividad productiva de nuestro país, el Gobierno siga instalado en el despilfarro. Rechaza bajar el sueldo a sus miembros y practicar ajustes en el sector público, lo que resulta un auténtico escándalo dada la recesión económica y el golpe recibido por las empresas tras la caída abrupta de la producción y del consumo. El gasto en nóminas públicas ascenderá este año a 140.000 millones de euros, tras experimentar la mayor subida de la última década. En este contexto, resulta inaceptable para la ciudadanía que la coalición socialcomunista siga engordando una estructura a todas luces incapaz de hacerse con los galones, más allá de la liturgia de un mando único ineficiente. El bochornoso espectáculo de caos y confusión de los últimos dos meses se ve amplificado por la falta de coordinación en el seno del Ejecutivo, la división entre La Moncloa y el resto de carteras, y la brecha abierta entre el PSOE y Podemos a cuenta del relato con el que se intenta sostener un gobierno descompuesto, deslabazado y completamente superado por los acontecimientos.

Sánchez prometió nada más ser investido que éste sería un Gobierno que hablaría con varias voces, "pero siempre con una sola palabra". El tiempo ha demostrado que ni la retahíla de departamentos creados para saciar las exigencias de sus socios ni la descarada voluntad de ampliar el número de cargos a dedo sirven para cohesionar la tarea de gobierno. Al contrario, se trata de una estructura desorbitada, cara y contraproducente que, en lugar de facilitar la gestión, lo que hace es abonar aún más la descoordinación.