Opinión

10-N: Hacer frente a la desaceleración

10-N: Hacer frente a la desaceleración

La sostenibilidad de las pensiones, la difícil inserción de los jóvenes en el mercado y la reducción de la deuda, son asuntos nucleares que cualquier Gobierno debería hacer frente

Teniendo en cuenta los datos objetivos y la experiencia de la última década, las inquietantes perspectivas económicas globales deberían estar en el centro de la campaña electoral. Después de haber superado con un esfuerzo titánico la peor crisis financiera en varias generaciones, la España que mereció el elogio de toda la UE por haber sido capaz durante el gobierno del PP de reconstruir unas finanzas públicas prácticamente quebradas, vuelve a encontrarse ante una situación de incertidumbre que no tiene origen exógeno ni causas desconocidas. En realidad ha sido creada, por un lado, por la obstinación irracional del independentismo y, por otro, por la incapacidad manifiesta del actual presidente del Gobierno en funciones -doctor en Economía como todo el mundo sabe- para lograr un acuerdo razonable ni para formar una mayoría.

En páginas de Economía encontrará el lector las ofertas que proponen los distintos partidos para hacer frente a las turbulencias que se anticipan. Lo primero que hay que celebrar es que nadie cometa ya el error en el que se empecinó Rodríguez Zapatero, que prefirió ignorar la realidad a pesar de los múltiples indicios que la pregonaban. Lamentablemente, en el caso del programa socialista, esa constatación no le lleva a optar por propuestas sensatas, sino que -otra vez- reconoce que el objetivo es diseñar unas cuentas públicas sostenibles mientras que todo lo que dice que hará (o lo que prometen las fuerzas políticas con las que puede pactar) va en dirección contraria. Más gasto, a sufragar con nuevos esfuerzos fiscales de los españoles. La idea de aumentar el sector público cuando se prevé una ralentización de la economía es precisamente lo que no se debe hacer. Frente a la solvencia probada de la gestión del PP, que fía el timón a la bajada de impuestos como motor de la recuperación, el programa del PSOE no aclara ni qué quiere hacer con la reforma laboral de Rajoy.

El mundo vive una transformación inédita. La irrupción de las nuevas tecnologías con efectos aún desconocidos y la acción de los populismos alérgicos al libre comercio han creado un escenario donde lo que sobresale es la incertidumbre. La sostenibilidad de las pensiones y la difícil inserción de los jóvenes en el mercado, y la reducción de la deuda pública, son los principales asuntos a los que todo Gobierno debería hacer frente. Y para ello, cualquier análisis razonable aconsejaría un pacto de Estado en esta materia entre los dos grandes partidos que pueden llegar al poder, lo que sería muy bien recibido por los actores económicos. Pero dado que Sánchez es pertinazmente refractario a esta idea, los electores no tienen más remedio que sacar sus propias conclusiones.